¿Cuántas historias de nuestra vida podrían convertirse en una obra de teatro? ¿Cuántas veces algo que nos pasa, una persona que conocemos, un amor que termina o una conversación que no olvidamos podría convertirse en una historia para contar?
Para Camila Castillo, una experiencia propia terminó arriba de un escenario. Lo que empezó como una historia de amor y desamor, atravesada por un momento de frustración profesional, se convirtió en Kilómetros, su primera obra como autora y directora.
Pero quizás lo más interesante no sea solamente que su historia se haya transformado en teatro, sino todo lo que puede pasar cuando una actriz decide dejar de esperar que la llamen y empieza a crear sus propias historias.
Nuestra invitada de hoy es actriz, directora y docente de teatro. Egresada del Instituto Argentino de Musicales y de El Método Kairós, desarrolló gran parte de su recorrido dentro del circuito independiente, donde también encontró una forma propia de pensar y hacer teatro.
Hablamos de actuar y dirigir, de enseñar, de escribir desde lo vivido y de todo lo que implica animarse a poner una historia propia sobre un escenario.
– Trabajaste bastante dentro del circuito independiente. ¿Qué cosas de ese circuito te dieron una identidad artística que quizás no hubieras encontrado en otro lugar?
– Empecé a trabajar en el circuito independiente porque me egresé del Método Kairós, que es este teatro de Palermo que tiene una escuela de actuación orientada a la autogestión. Yo creo que la identidad me la dio Kairós, esto de la cabeza autogestiva. De todo el tiempo estar pensando en qué se puede hacer, qué puedo escribir, qué puedo armar. Ahora terminé Kilómetros y ya estoy pensando en si sigo con Kilómetros o si hago algo más, o escribo una obra corta. De todo el tiempo estar haciendo, haciendo, haciendo, y con amigos. Yo escribo y no agarro a cualquiera, o sea, con Kilómetros en un momento abrimos audiciones, pero en un principio es, “che, yo me formé con tal piba, quiero que venga ella”, “yo me formé con tal pibe, quiero que venga él”, como también darnos un poco de trabajo entre todos. Yo creo que la identidad es full Kairós. Me la dio ese lugar.

– ¿Hay algo que como actriz descubriste que necesitabas como directora, y viceversa?
– Dirigiendo trato de inspirarme mucho en uno de los maestros que yo tuve, que es Fran Ruiz Barlett, que lo amamos. Él es el director de estas obras de terror, y es un director de la hostia. A mí siempre me gustó mucho cómo dirige él porque es un director que te deja muy relajada. Te marca como si fuese una partitura toda la escena, pedacito por pedacito, respiraciones, miradas, y te aliviana tanto el trabajo de estar pensando que solo tenés que ocuparte de estar presente y de habitar eso. Yo dirigiendo traté de basarme un poco en eso, obviamente fui encontrando mi identidad como directora mientras ensayábamos Kilómetros, como que por momentos era más eso de la matemática y de marcar todo, por otros momentos era más sentimental y más tipo “pensá qué te pasa”, más emocional en lo que les pedía. Me di cuenta que como actriz me gusta el mix de ambas. A mí me ha dirigido Fran y me encantó, pero ahora también fue como “che, este mix de ambas yo creo que para mí estaría increíble”. Fui armando mi propia fórmula. Un poco de partitura y de momentitos, y otro poco de “bueno construyan y piensen en tal cosa”.
– ¿Qué descubrís de vos misma cuando enseñás actuación?
– Aprendí a dirigir dando clases. Todo el mundo me dice, “¿es la primera obra que dirigís?” Sí, literalmente es la primera obra que dirijo entre muchas comillas, pero yo doy clases desde que tengo 18 años. Y vos cuando das clases estás dirigiendo todo el tiempo. Estás todo el tiempo lidiando con egos, lidiando con susceptibilidades. La gente grande es igual que un actor y peor, porque encima están rindiendo, entonces se ponen mal, se angustian, hay susceptibilidades, egos, “yo quiero hacer esto”, “che ¿por qué yo aparezco menos?”. Estás todo el tiempo dirigiendo, mis alumnos todos los años montan un musical entero para fin de año. Y está bien, es en contexto de clase, pero se los dirijo. Yo siempre digo que empecé a dirigir dando clases. Y ni hablar la parte personal, como que yo todo el tiempo estoy lidiando con mis propias frustraciones también. Yo le he dado clases a chicos que ahora están haciendo temporadas en calle Corrientes completas y yo por ejemplo nunca hice una temporada en calle Corrientes. Uno cuando empieza a dar clases enfoca sus energías en que a tu alumno le vaya re bien. Y a veces a mí me pasa que hay días que me levanto y digo “uy por qué estoy haciendo esto, estoy sumamente frustrada o no voy a poder”, y después tengo que ir a dar una clase con alumnas de 15 que me dicen “no voy a poder” y yo les digo “¡sí, vas a poder! Te lo juro, sí vas a poder”. Dar clases para mí es una enseñanza todo el tiempo.
– ¿Qué es lo primero que buscás en un alumno cuando empieza a hacer teatro: que pierda la vergüenza, que encuentre una voz propia, que se anime a jugar…?
– En realidad busco que le divierta el teatro. Cuando vienen, muchas madres dicen “él es muy vergonzoso, viene a sacarse la vergüenza”. Yo me sigo subiendo arriba de un escenario y hay cosas que me dan vergüenza o antes de subirme me agarra una taquicardia que me muero. Hay algo de la vergüenza que no se la va a sacar nunca. Lo divertido es justamente que se empiece a divertir con esto, que el gustar por el teatro sobrepase el “uy qué vergüenza”. Que se diviertan, que pase a ser más un juego y que en el medio empiecen a actuar y no se den cuenta un poco. Si veo un alumno con mucho potencial sí se lo digo a la madre para que sepa, digo “che, tiene mucho potencial tu hijo”. Hace poco empezó una alumna nueva conmigo y vino muy de divertirse y yo empecé como a chusmear, digo “uy, se va para arriba”, la empecé a ver bailando, cantando, actuando, y ella no había hecho nunca nada, era todo intuición. Hablé con la madre y le dije “mirá, para que sepas tiene un potencial”. Después sí, si veo a un alumno que destaca, lo agarro un poquito. Pero si no, ni pienso en eso, son muy chicos.
– Kilómetros fue tu primera obra como autora y directora. ¿Qué tuvo que pasar -en tu vida, en tu recorrido artístico- para que esa historia apareciera?
– Que me rechacen en muchas audiciones, depresión artística. Yo siento que era un cúmulo de muchas cosas, Kilómetros nació un poco dividido en dos. Cuando a mí me empieza a pasar este desamor, yo en mi cabeza de persona artista digo “che, esto es un historión, es una película”. Yo soy muy fan de las romcoms, entonces cuando yo empiezo a recopilar todo lo que había pasado con este chico, digo “esto es bárbaro”. Y quedó. Después, como no sucedía nada y yo no quedaba en nada, fue tipo “bueno, voy a hacer algo yo, voy a escribirme algo para actuar”. Lo que me pasó con Kilómetros es que cuando lo empecé a escribir se tornó tan personal que en un momento dije “no sé si estoy tanto para actuar esto porque me voy a desbarrancar todas las funciones”. Podría haberlo hecho, pero no me dio, entonces en esa necesidad de hacer algo porque no me estaba saliendo ningún laburo, se ataron los cabos y nació la obra.

– ¿Cuánto hay de realidad y cuánto de ficción en la obra?
– Kilómetros está basada en hechos reales 100%, es algo que pasó. Traté de ser lo más fiel a lo que pasó, tiene ficción porque nuestras vidas reales a veces no son tan mágicas. Hay cosas que nos pasan en desilusiones amorosas, a veces por ejemplo no te dan explicaciones. Hay cosas en Kilómetros que dramáticamente tenía que explicar, entonces las inventé, todo el punto de vista de él, lo que él piensa, lo inventé, es lo que yo creo que él piensa. O algunas cosas dentro de la trama, en la obra son todo el tiempo ellos dos y los dos mejores amigos, a mí me convenía que él tenga un amigo a quien contarle. Pero el grueso de la obra es tal cual, hay textos que yo saqué del WhatsApp y los escribí en la obra.
– ¿Por qué el hilo rojo, y cuánto de la idea de destino querías sostener o poner en duda?
– Cuando la empecé a escribir la quería instalar. Porque a mí siempre me pasó, la teoría dice “pueden estar juntos o no, pero es un hilo rojo que está y va a estar toda la vida”, y yo digo él es mi hilo rojo. Al principio era como “che yo quiero instalar esta idea”. Después investigando mucho sobre la teoría era como “bueno el hilo rojo es de ambas partes”, entonces ahí se empezó a poner en duda. Y también pasó algo natural muy lindo con el público, que la gente salía y me decía “¿te diste cuenta de que tu hilo rojo no es él, sino ella, la amiga?”. Y esa vueltita de rosca que le dio el público, a mí me emocionó mucho, me gustó eso de “che, el hilo rojo en realidad es la amistad”. Yo en el afán de contar el problema entre ellos dos no me di cuenta que estaba mostrando a dos amigos sumamente presentes y atentos y acompañando. Por eso te digo que es una mezcla de las dos, pero en un principio de dramaturgia es “lo quiero enfatizar”.
– Kilómetros recibió un Premio Hugo. ¿Qué sentiste cuando supiste que la obra había sido reconocida de esa manera?
– Fue tremendo, para los premios nosotros tenemos que aplicar, mandamos, y empezaron a venir los jurados. Son muchos jurados de los premios Hugo. Y empezó a venir uno, empezó a venir otro, venía otro, otro, otro, y yo veía que a otras obras no iban tantos. Entonces yo decía “che, les está gustando”. También cuando estrenamos hubo algo de mucha confianza con el material. El material está bueno, la música está buena, los chicos son unas bestias, la puesta está buena, mucha confianza con el material. Es muy difícil que te nominen, entonces una vez que nos nominaron a mí ya ganar no me importaba. Ya que nos nominaran, ir al evento, aparecer en la pantalla… ya estaba. Y yo siempre tuve la certeza de que nos iban a nominar a la música, porque la música de Kilómetros es hermosa. El libro también, la puesta también, la dirección también, el musical en sí también, pero a veces no te nominan a todo. Si nos tenían que nominar una terna, la más llamativa era la música. Y al final nos nominaron a cuatro, nos nominaron a mejor musical. Ese día pensé que no íbamos a ganar ninguna. Y cuando estábamos fue “al de la música nos lo llevamos, nos lo llevamos”. Y vaya que nos lo llevamos, así que felicidad.

– Cuando escribiste Kilómetros, ¿imaginabas que esa historia iba a terminar cruzando fronteras hasta México?
– No, lo de México fue una locura, nos hablaron por un TikTok diciendo que vieron la obra. Yo al principio pensé “esto es una estafa milenaria tremenda”, y después Fran y mis maestros de Kairós, que ya vendieron varias obras al exterior, me decían “Cami, mandales el libreto, si total, ¿qué es lo peor que te pueden hacer?” Y vaya que salió bien. Fuimos a México, volvimos y yo todavía no caigo. Y encima después de México, nos la pidieron de cuatro lugares más, un montón.
– ¿Hubo algo de la versión mexicana que te haya hecho mirar tu propia obra de otra manera?
– Todo, el idioma. Fuimos a la última semana de ensayos y en lo general estaba muy bien, para mí sumó que el director no era un director de musicales, para mí tiene algo Kilómetros que no es un musical convencional. Si te lo agarra un director de musicales, para mí te puede desfigurar la obra porque la quiere hacer más ostentosa, Kilómetros es una obra tranquila, de texto, sin mucha puesta, es más sencilla. Y justo habían elegido un director de teatro de texto, entonces le sumó muchísimo, es un hombre muy sensible. Yo me sentaba en los ensayos y escuchaba a ver qué opina de mi historia. Y todo lo que él decía me parecía que estaba muy bien. Lo único en lo que estaba errada la obra y tuve que intervenir antes de que ensayen, es que hacían parecer que el pibe era un violento, un psicópata. En realidad hay todo un trasfondo en el que uno entiende que esa violencia y esa cerradez es como un escudo y un acto reflejo de defensa. Eso fue en lo único que tuve que intervenir, pero después lo demás estuvo hermoso, cada país tiene sus modismos, sus tiempos, ellos estaban mucho tiempo con los textos, lentos, habitados, acá somos más de hablar muy rápido.
– ¿Cuál fue el “kilómetro” más difícil que tuviste que atravesar en tu propio recorrido?
– Con Kilómetros todo. Yo la escribí, la dirigí, hacía de productora, pero he tenido días de llorar, actualizando la página para ver si se vendía alguna entrada. En cuanto a autogestión, no es solo animarse, es laburar, es tener plata, ahorros, saber de producción. Es un trabajo burocrático inmenso, es un quilombo de papeles, de manejar equipo, gente, actores, la cooperativa, lidiar con los egos de todo el mundo. Porque los actores tienen sus egos, los compositores tienen sus egos, el director, yo tengo mi ego. Nosotros tuvimos la suerte de que tuvimos una primera temporada casi agotada, en la segunda temporada no bajábamos de 50 personas por función. Pero sí tuve días de levantarme y decir “che tenemos 20 localidades vendidas, ¿qué hacemos? nos vamos a pérdida”. Y un día que vos vendas pocas entradas, te vas a pérdida, porque le tenés que pagar al espacio, al micrófono, al sonidista, al de luces. Fue todo un desafío, con el diario del lunes la experiencia es sumamente positiva y lo que está pasando con la obra también es una locura, tuvimos suerte porque la obra ya camina sola.
– ¿Qué te gustaría que alguien que nunca pisó una sala de teatro independiente descubriera cuando entra a ver una obra?
– Ya con el hecho de descubrir el teatro independiente yo soy feliz. Hay mucho teatro que la gente no conoce, la gente que no es del círculo va a calle Corrientes. Hay obras igual de buenas, más baratas, en otro circuito. Para mí una no reemplaza a la otra. Yo voy a ver todas las obras de calle Corrientes. Pero para mí se complementan. El teatro independiente es hermoso, el solo hecho de saber que todo lo que estás viendo es hecho por personas a pulmón, remándola en dulce de leche contra todo pronóstico, con la plata, con los tiempos… Si cuando uno va a ver una obra comercial se emociona, imaginate ver una obra que te emocione igual y encima que tenga toda esa cuota de esfuerzo humano. Para mí el teatro independiente es algo que la gente tiene que descubrir. Son entradas baratas, es accesible.
Micaela Rafaniello es periodista y profesional en comunicación institucional. Escribe el newsletter "La Batalla Cultural" de manera mensual.


