En la sociedad de fomento Arrieta, en la localidad de Ezpeleta, Quilmes funciona el taller de reciclado de pelo de MOT Argentina. Se respira el aire de barrio: la pequeña sala que Julian Osuna y Mariano Suárez convirtieron en espacio de trabajo coexiste con un galpón principal donde se celebran cumpleaños de 15. El espacio les queda chico pero no se nota, Julian confiesa que aparte del container que tienen en el taller, el altillo de Mariano también está lleno de las donaciones de pelo que reciben. “Incluso hubo un tiempo en el que yo andaba con el baúl del auto repleto de pelo, ¿te imaginás si me llegaba a parar la cana? ¿cómo lo explicaba?”, Julián cuenta la anécdota y transmite el cariño que sólo se tiene por un proyecto desarrollado a pulmón.
Hace 4 años que en Argentina se recicla pelo. Sí, pelo de animales y mayormente de personas que de forma particular o a través de peluquerías, lo donan. Con él se confeccionan planchas y cilindros que pueden cumplir un rol clave ante derrames de petróleo. El dato sorprende y genera curiosidad automática, también da un poco de asco. ¿Por qué genera rechazo algo que todo el mundo tiene en la cabeza?
En el mundo esta iniciativa comenzó en 1999 impulsada por la organización sin fines de lucro Matter of Trust en colaboración con un peluquero de Alabama, Philip McCrory, que fue el primero en preguntarse qué se podía hacer con el cabello. La leyenda cuenta que diez años antes, durante el derrame de Exxon Valdez en Alaska, Philip vio por televisión cómo una nutria empetrolada “limpiaba” el agua a su paso. Relacionado ya con los cabellos grasos que él mismo trabajaba y trataba con shampoo, Philip comenzó a estudiar si los residuos de los cortes podrían servir para absorber petróleo u otros hidrocarburos. Hoy, son más de 50 países los que cuentan con organizaciones que se dedican al reciclado de este “residuo inusual”.

En el pequeño taller de Ezpeleta “la máquina” es la protagonista. Ubicada en el centro del espacio, sobre lo que a simple vista se ve como una mesa vieja reciclada, más de 200 agujas suben y bajan para enganchar, enredar y “tejer” el pelo que luego se utiliza para confeccionar las planchas. Su llegada fue el inicio de este proyecto, Matter of Trust apuesta por jóvenes que quieran comenzar esta iniciativa en sus países, y su forma de hacerlo es enviar la herramienta en comodato desde California. “La única exigencia es que se utilice para reciclar pelo”, explica Julián mientras la enciende y el ambiente se completa con el sonido constante de las agujas especiales que trabajan como un telar.
Cada organización es independiente de constituirse con la estructura que quiera, y por decisión de ambos socios, MOT Argentina es una cooperativa de trabajo. “Nacimos muy vinculados con MOT Chile y MOT Latam. En esencia hacemos los mismos productos, pero con las particularidades de cada territorio y mercado. Acá utilizamos los materiales más alcanzables en Argentina y estamos en constante evolución en cuanto al diseño”, detallan.
Aparte de socios, Julián y Mariano son amigos hace casi 25 años. El proyecto nació como un trabajo de tesis del primero, para recibirse de la carrera ingeniería industrial. Julián recuerda el frustrante proceso en el que buscaba ideas con su compañero académico, “ya nos habían bochado dos temas propuestos y el tiempo se acortaba cuando apareció la pregunta: ¿Qué hacen los peluqueros con el pelo que cortan?”. Caída del cielo. En menos de una semana coordinaron una videollamada con MOT Chile para recopilar información, y al finalizar la reunión recibieron la pregunta que dió comienzo a todo: ¿quieren desarrollar MOT en Argentina?.
Julián se mueve cómodo por el espacio, posa para las fotos, ofrece ver hasta el último detalle del taller. Se aprecia que la dedicación probablemente sea siempre la misma, ante cualquier visita que reciben. Él llama “el poder de manijear un poco de más”, a identificar esos pequeños esfuerzos que pueden tener una gran trascendencia. Así, después de esa pregunta que dio inicio a todo, en 2022 recibieron la máquina, consiguieron locación y comenzaron a producir.
Como resultados de la búsqueda por financiarse y posicionarse en un mercado nuevo obtuvieron un aporte de la Unión Europea y de la Provincia de Buenos Aires que invirtieron en equipar el taller, en el diseño de las cajas y en la presencia web. Ambos mantienen en paralelo sus trabajos formales y dedican a MOT todo el tiempo extra que pueden. Los diseños llamativos y modernos del packaging, la atención al detalle en cada rincón del taller, las estrategias de comunicación institucional dan cuenta del esfuerzo.

“Tenemos tiempo y tenemos la posibilidad de hacer esto porque podemos destinar parte de nuestro sueldo a este desarrollo”, reflexiona Julian, rodeado de las cajas que utilizan para las ventas minoristas. La visión es clara, quieren que en Argentina se hable de reciclar pelo, y que este residuo inusual sea más comúnmente reutilizado. “Estamos expandiendo la frontera de los reciclables al hacer que este residuo, que es tan voluminoso y tarda tanto en descomponerse, no vaya a un vertedero ni genere emanaciones de dióxido de carbono”.
Parte de la búsqueda constante por seguir innovando los lleva hoy a trabajar en el desarrollo de un fertilizante a base de pelo, que garantice que MOT no tenga desperdicios. También evaluan desarrollar la pata del reciclaje de residuos más comunes como papel, cartón y vidrio.
En el taller, los productos que fabrica y comercializa MOT Argentina están a la vista. Los “booms” de Petropelo se roban la atención por la decisión de hacerlos coloridos: son cilindros rellenos de pelo, recubiertos con mallas blancas, sogas amarillas y boyas rojas que permiten que floten en el agua y absorban residuos de la industria. Por otro lado, las planchas de Agropelo, para mejorar cultivos, están apiladas en las estanterías y en el exhibidor se ven las cajas de cartón reciclado con las que se entregan. Estas se venden también para uso doméstico, con diferentes tamaños para adaptarse a macetas. ¿El dato? reducen hasta un 50% la necesidad de riego: la solución para cuando llegan las vacaciones y las plantas deben sobrevivir a su merced.
Las propiedades del pelo están sustentadas por numerosos estudios científicos y prácticos a nivel global. Por ejemplo, en pruebas realizadas en el desierto de Atacama, Chile, los sectores donde se utilizaron las planchas de agropelo duplicaron la producción de maíz que las áreas dónde no. El pelo mantiene la humedad al mismo tiempo que aporta nutrientes esenciales como el nitrógeno. En cuanto al Petropelo, aparte de los derrames en los que fue utilizado a nivel global, en Argentina son hidroeléctricas o distribuidoras de electricidad las que los usan para recolectar residuos de los piletones donde funcionan las máquinas.
El pelo es muy llamativo, más si se considera que un kilo tiene la capacidad de absorber hasta 8kg de hidrocarburos. Sin embargo, la inserción en el mercado nacional sigue siendo el principal desafío. “Tuvimos un 2025 súper crudo, nos planteamos seriamente cerrar”, reflexiona Julian. Es que las políticas públicas y la conciencia social vinculada a lo ecológico marcan también la recepción en la industria. En cuanto a costos, MOT se encuentra a nivel de mercado, “llegamos a un punto donde pudimos emparejar el precio de nuestros competidores. Por eso creo que es esencialmente cultural que las organizaciones tengan el interés en invertir en cuidar el medioambiente, y que los estados se los exijan”.
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Durante las primeras etapas del proyecto Julián y Mariano realizaban una recolección gratuita de pelo en algunas peluquerías de Quilmes y CABA. Hoy por costos y espacio esa posibilidad se volvió inviable, pero las puertas para recibir donaciones de personas o generar alianzas con peluquerías siempre están abiertas.“Nos encantaría poder tener una estructura gigante para poder ir a buscar y recibir todo el pelo. Pero la capacidad productiva que tenemos es limitada. Del lado de MOT podemos seguir trayendo máquinas, pero el cuello de botella está en si el mercado te acepta o no”.
Tras un 2025 áspero, Julián mira con orgullo el taller que construyeron: hay huellas de ellos y de su impronta en todo el lugar. Incluso se ríe ante la ironía de, tras haber pasado horas y días trabajando allí, descubrir que ese mismo pelo que quiere reciclar le da alergia; “soy como un panadero celíaco”.

El 2026 trajo una mayor exposición mediática que los mantiene optimistas y con energías renovadas. Por primera vez el proyecto es rentable y eso les permitió sumar a más personas al equipo: la cooperativa va tomando forma.
A nivel social Julián siente un cambio cultural interesante en las últimas décadas. Muchos de los proyectos en los que participan están impulsados por personas que, como a ellos, les interesa promover una mirada y educación sobre el cuidado medioambiental. Uno es la peluquería infantil Peloquitos, que fomenta el reciclado y una experiencia más presente y sin pantallas para niños. Luego de cada corte, las infancias recolectan su pelo y aprenden sobre su reutilización al ver los discos de agropelo en las macetas del salón.
Mientras que a muchas personas pensar en grandes cantidades de pelo puede darles asco, para Julian, Mariano y equipo ya es parte de su cotidianeidad. “Es muy interesante lo que pasa con el pelo, tiene una vinculación con lo íntimo muy grande. Y a veces el problema está en que queremos separar lo personal de lo colectivo… al final, todos lo tenemos en la cabeza”.

