Antes de ir a Jujuy hay que pasar por Villa Martelli.
El 12 de julio de 2013, durante la inauguración de Tecnópolis, Cristina Kirchner invitó a Eyén Federico Quispe, un niño de ocho años proveniente del pueblo jujeño de Loma Blanca, a recitar un poema frente a las miles de personas que asistieron al día uno del parque temático público.
Entre el frío de julio, de espaldas a los referentes del kirchnerismo de aquel entonces, de cara a la gente y con una Cristina que se había agachado para escuchar el poema a su altura, Eyén recitó No te rías de un colla, de Fortunato Ramos. Estas son sus últimas estrofas:
No te rías de un colla que está en la frontera
pa’l lao de La Quiaca o allá en las alturas del Abra del Zenta;
ten presente, amigo, que él será el primero en parar las patas
cuando alguien se atreva a violar la Patria.
No te burles de un colla, que si vas pa’l cerro,
te abrirá las puertas de su triste casa,
tomarás su chicha, te dará su poncho, y junto a sus guaguas,
comerás un tulpo y a cambio de nada.
No te rías de un colla que busca el silencio,
que en medio de lajas cultiva sus habas
y allá, en las alturas, en donde no hay nada,
¡así sobrevive con su Pachamama!
A Eyén no solo lo escucharon los que fueron a Tecnópolis. Todo el acto de la inauguración fue transmitido por cadena nacional, y es por eso también que de vez en cuando vuelve a circular en redes el recorte de aquel momento.
Las políticas indigenistas del kirchnerismo, como la creación del Consejo de Participación Indígena (CPI) o la sanción de la Ley Nacional 26.160 de Emergencia Territorial Indígena, que buscaba darle un relevamiento jurídico a los territorios reclamados por las comunidades originarias, tuvieron sus alcances y sus limitaciones.
A mediados de 2010, la comunidad qom Potae Napocna Navogoh inició el corte de la ruta nacional 86 que atraviesa la provincia de Formosa para impedir la construcción de una sede de la Universidad Nacional de Formosa en territorio ancestral. El 23 de noviembre de ese año, la narrativa oficial respecto a los conflictos indígenas atravesó una de sus mayores crisis en un hecho trágico: la intervención de la Policía provincial desembocó en una violenta represión que terminó con la muerte del qom Roberto López y un representante de la fuerza policial.
Hoy sería inimaginable pensar que parte de una cadena nacional fuera ocupada para darle voz a un niño como Eyén.
El último 12 de octubre, a través de la cuenta oficial de la Casa Rosada, el Gobierno de Javier Milei difundió un video que reivindica la figura del Día de la Raza por sobre el Día del Respeto a la Diversidad Cultural. No vale la pena ahondar en ningún pormenor del clip. Pero el problema no es sólo discursivo: mediante el DNU 1083/2024 se derogó la ley de Emergencia Territorial Indígena que se había sancionado durante el kirchnerismo.
¿Cuánto vemos hoy de los reclamos de las comunidades originarias en medios nacionales, en canales televisivos? El 12 de octubre también finalizó la undécima edición del Qhapaq Ñan, o la Caminata por el Agua y por la Vida. El primero del mes, un grupo de distintas comunidades emprendió a pie el recorrido de casi 300 kilómetros que comienza en La Quiaca y culmina en San Salvador de Jujuy.
Es una especie de peregrinación, cinco veces más extensa que la de Luján, pero que tiene como objetivo generar concientización sobre los problemas ambientales y territoriales que amenazan a la provincia más septentrional de Argentina. El tema solo fue mencionado en un puñado de medios gráficos provinciales.
El entrevistado de hoy es uno de los organizadores de la caminata. Gustavo Ontiveros es antropólogo, docente de la Universidad Nacional de Jujuy e integrante de la comunidad Valiazo y hace más de 25 años que participa de la lucha por los derechos de los pueblos indígenas.

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-¿Cómo nació la primera Caminata por el Agua?
-Siempre hubo manifestaciones por el agua, pero esta caminata comenzó en 2016, como una medida de protesta y concientización hacia el Estado y la sociedad. La idea es caminar y hablar con las comunidades, las ciudades, los pueblos y los barrios por donde pasamos sobre el tratamiento que les van a dar al agua los gobiernos municipales, provinciales y nacionales. También aparecen otros reclamos relacionados con los derechos de los pueblos indígenas. Qhapaq Ñan no sé si llega a ser una organización: son voluntades de miembros de comunidades, principalmente, que no solo participan de la caminata, sino que también la financian de distintas maneras.
-¿Cuántas personas se movilizaron este año?
-Nunca contamos cuántas personas participan, pero calculo que esta última vez habrán sido unas 300 o 400. No todos llegan a la capital: hay relevos, algunos participan de asambleas y reuniones, y también hacemos cumbres por el agua en los lugares donde se dan las condiciones y los vecinos lo solicitan. La caminata tiene muchas cosas: es protesta, concientización, formación, encuentro y también un relevamiento territorial de los problemas que hay en cada lugar en el que paramos y de los que pueden aparecer a futuro. Son doce días en los que convivimos y compartimos las experiencias de los hermanos de las comunidades, los pueblos y las ciudades. Caminamos al costado de la Ruta 9, aunque a veces tenemos que ocupar parte de la calzada, por los puentes, las condiciones naturales o cuando entramos a los pueblos. Este año tuvimos días muy buenos: para nosotros, tener días frescos es ideal. Cuando hace calor, caminar sobre el asfalto se vuelve muy pesado, especialmente cerca del mediodía y durante las primeras horas de la tarde.
-¿Sentís que la caminata genera la concientización que buscan?
-Sí, pero es un proceso lento, lerdo, como nuestra caminata. Nosotros caminamos y hacemos nuestras tareas, pero también hay contratareas. Está el Estado, principalmente el provincial y las mineras, las empresas que manejan el agua, los partidos políticos y también dirigentes indígenas que se oponen a la caminata. Tenemos muchos enemigos porque perseguimos la libre determinación de los pueblos. Algunos de los que participamos también integramos un partido político indígena, Acción Comunitaria. Eso atenta contra los partidos coloniales que gobiernan nuestras tierras, tanto en la provincia como en el país. Hay dirigentes indígenas que forman parte de esos partidos, de izquierda y de derecha. Es algo raro, no sé si ocurre en otros lugares. Nosotros somos la única organización indígena que hace este tipo de eventos en la Argentina. La concientización aparece en la difusión que nos dan los medios locales, en el apoyo de los lugareños y de las comunidades. También se suma gente que encontramos en el camino, turistas y extranjeros. Hemos tenido participantes de Europa, Asia y otros países latinoamericanos. Este año, por ejemplo, caminó con nosotros una persona de Colombia. Nuestra lucha no es solamente por los pueblos indígenas: es para todos. La privatización del agua en estas tierras ya es casi un hecho y va a avanzar contra los derechos de todos. La empresa que está haciendo negocios con el agua de la cordillera y de la Puna es Mekorot, la empresa estatal de aguas de Israel.
-Carlos Sadir, el gobernador de Jujuy, cerró los acuerdos para que Mekorot forme parte de la gestión de los recursos hídricos provinciales en 2024. Ustedes vienen advirtiendo esto desde antes de que se concrete el convenio…
-Nosotros venimos hablando de la privatización del agua desde hace diez u once años y de cómo eso repercute en los alimentos y en la vida cotidiana de los pueblos indígenas, especialmente de quienes viven en sus territorios, siembran, tienen sus aguadas y sus pastoreos con cierta autonomía. Los distintos partidos y gobernantes vienen avanzando en el mismo sentido. Algunos serán un poco mejores y otros un poco peores, pero el objetivo es el mismo.
-Jujuy es una provincia con mucha movilización social, pero llama la atención que la caminata no aparezca en los medios nacionales, solo en un puñado de medios provinciales que, a grandes rasgos, parecen acompañar la causa…
-Los medios no están en manos indígenas y sabemos que tienen su línea editorial, que responden a ciertos intereses. Nosotros no tenemos ninguna esperanza de que algún día salgamos en los medios nacionales, ni siquiera de que seamos noticia en Jujuy. Nos difundimos como podemos, principalmente por las redes y a través de algunos medios locales. Vamos contra intereses que tienen casi todos los partidos políticos. La izquierda y la derecha, todos de alguna manera están financiados por las mineras. Imaginate lo que significa luchar por el agua y por la producción cuando eso afecta los negocios de quienes gobiernan.

–¿Cuánto empeoró la situación con la reforma de la Constitución provincial de 2023, impulsada por el exgobernador Gerardo Morales, que, entre otras cuestiones, limita las manifestaciones en espacios públicos y rutas?
-Nosotros ya habíamos advertido lo que podía pasar. En 2022 hicimos una caminata contra la reforma constitucional que se venía, cuando todavía no era época de elecciones ni se habían elegido los constituyentes. Hicimos el recorrido en octubre, pero no tuvimos mucha repercusión. Nos cubrieron algunos medios locales que siempre nos acompañan, pero no hubo demasiada respuesta de la sociedad ni de otros pueblos indígenas. Después de la reforma y de las elecciones, nos llamó la atención que se desatara un conflicto tan grande, con reclamos de toda la población y de las comunidades, en el que nosotros también estuvimos. En 2023 Jujuy sí fue noticia en todo el país, pero después de unos días los medios se olvidaron, o se quisieron olvidar. Eso también lo sentimos durante la caminata: a veces, cuando llegamos a un lugar, hay personas que nos dicen que no pueden recibirnos o ayudarnos. Nosotros no tenemos dinero para financiar todo el recorrido. Somos trabajadores, como cualquier otro, y dependemos de las donaciones de quienes participan y de la gente que nos da alojamiento, comida o transporte. Quienes se oponen a nosotros en la política hablan con esas personas para que no nos reciban ni nos financien. A veces nos lo cuentan directamente.
-¿Hubo algún gobierno provincial o nacional con el que las comunidades indígenas hayan sentido más acompañamiento?
-El objetivo de los gobiernos de Jujuy siempre fue el mismo. Tal vez a nivel nacional, durante el kirchnerismo, hubo cierta apertura en materia de derechos, pero eso no tuvo demasiado alcance a largo plazo en Jujuy. Con los últimos gobiernos se acrecentó la violencia del Estado. Negaron personerías jurídicas, negaron títulos comunitarios e intentaron hacer desalojos. Eso sigue pasando: constantemente tenemos que defendernos en las comunidades del despojo y de los desalojos. Es noticia todas las semanas, pero no sale en ningún lado. Un caso fue el de la comunidad de Guerrero, en noviembre de 2024. Hubo un desalojo muy violento, impulsado por la Justicia y vinculado con los intereses de Guillermo Jenefes, un terrateniente que fue vicegobernador y senador por el peronismo. Fue feroz. Para violar los derechos indígenas, los gobiernos se ponen de acuerdo, sin importar si son peronistas, radicales, libertarios, de izquierda o de derecha. En Jujuy no hay partidos gobernantes buenos. En todo caso, algunos son más pacientes o conceden pequeñas cosas, pero en general tienen el mismo objetivo. Los partidos poderosos de Jujuy están en manos de los descendientes de los conquistadores, de sangre y de ideas.
-Mencionaste el conflicto entre las mismas comunidades originarias. ¿Hay mucha gente en Jujuy que niega sus propias raíces indígenas?
-Obvio. Si no, gobernaríamos Jujuy. Acción Comunitaria es un partido indígena y los indígenas casi no nos votan, o nos votan muy poco. Una vez fui a la radio y el conductor del programa me preguntó si sentía que habíamos perdido las elecciones, desde que existimos, nunca quedamos primeros. Yo siempre digo lo mismo: nosotros no perdimos; los pueblos indígenas perdieron una oportunidad.
-A pesar de no quedar primeros, ¿lograron obtener representantes en localidades jujeñas?
-En 2025 conseguimos nuestros primeros resultados electorales importantes. En Humahuaca y en Moreno quedamos segundos y conseguimos representación. Fue una sorpresa, después de tantos años de trabajo y lucha. Algunos de nosotros creamos el Movimiento Comunitario Pluricultural (MCP) en 2011. Después se formó un partido provincial, pero nos fuimos en 2014 porque algunos dirigentes estaban arreglando con los sectores que luego llegaron al gobierno. A comienzos de 2015 fundamos Acción Comunitaria. Siempre fue así, nuestros procesos siempre son largos. Llevo 25 años en esta lucha y no me conoce nadie. Ir contra un sistema es difícil.
Joaquín Benitez Demark es periodista. Escribe el newsletter "La sociedad del rebote" miércoles de por medio.


