Sedric no recuerda bien por qué esa mañana se quedó en su casa, donde vive junto con su madre y sus hermanos, en vez de ir a trabajar. Lo que sí recuerda es qué ropa tenía puesta: un pullover, porque casi se le quema entero, y unos vaqueros con tachas que, al calentarse, le dejaron marcas en la piel. Un lado del rostro lo tuvo rojo por días, como si se hubiese quedado dormido de costado por horas durante la peor hora del sol de verano.
A solo 40 kilómetros del Bolsón, Epuyén, un pueblo de aproximadamente 3 mil habitantes, sufrió dos incendios consecutivos; uno en el verano de 2025 y otro en el de 2026. El de 2025 los tomó de sorpresa. Venían de dos semanas de calor intenso, y el 16 de enero no fue la excepción. El fuego comenzó en el pinar que está entre la Escuela 9, a la vuelta de la casa de Sedric, y el lago. “En menos de dos minutos ya se podía ver el humo naranja por las llamas”, cuenta Sedric, y luego detalla la acción como si fuera narrada para una película. Los gritos, las sirenas lejanas que se acercan, la luz que se corta, salir a la calle y ver cómo las pavesas -pequeñas partículas incandescentes que salen del fuego- saltan de los árboles y prenden todo lo que tocan. “No conozco el infierno, pero era sentir como que en vez de nieve era fuego lo que nos caía alrededor”, cuenta.
Ese año el incendio de interfase -que avanza por áreas agrestes y entra en contacto con áreas pobladas- pasó por la Rinconada, una zona rural de chacras, y quemó 80 casas entre las 3 mil hectáreas incendiadas que se han registrado. Al año siguiente el fuego pasó por el Pedregoso, entre el Hoyo y Epuyén, y prendió otras 40 casas. Rodeó entero al cerro Pirque quemando casi por completo sus bosques nativos declarados Parque Provincial, y luego siguió para la localidad de Cholila arrasando con más de 30 mil hectáreas. Sumado a otros focos, entre octubre de 2025 y marzo 2026 en la provincia de Chubut, se quemaron un total de 60.304 hectáreas, como lo muestra un informe de Greenpeace. Similar a tres veces la expansión de la Ciudad de Buenos Aires.

“El día que me quemé”, así refiere Carlos al día en que vio arder su casa mientras mira las manos de los voluntarios que lo están ayudando a reconstruirla, esta vez poniendo durlock en las paredes interiores. Cuenta que antes de quemarse cargó todo lo importante que encontró en su camioneta, incluyendo sus perros y sus objetos de valor, y le pidió a su hijo que se la llevara lejos. En el camino alguna pavesa saltó a la caja y la prendió fuego. Solo su hijo pudo salir. “Ahí entendí que cuando Mandinga te quiere agarrar te agarra, no hay cómo escapar”. La bronca y el dolor se le atragantan. Al año siguiente, cuando volvió a ver el humo del incendio acercarse a Epuyén, decidió ir a la escuela a colaborar con la cocina solidaria. No puede quedarse a ver dos veces arder.
Lo que más rescata la gente es que los días de la emergencia ígnea la llama comunitaria también se encendió. La Escuela 9 alojó a brigadistas comunitarios, voluntarios, prestó el espacio para organizar las herramientas y las donaciones, para que funcione allí la cocina solidaria surgida visceralmente en la casa de una vecina, y recibió masajistas, osteópatas y trabajadores de la salud que se turnaban para brindar apoyo a quienes ponían el cuerpo en el combate contra el fuego.
Cuando el incendio pasó para Cholila y en la zona de interfase de Epuyén no había peligro para las viviendas, además de continuar con la ayuda de las viandas para los brigadistas que se fueron al frente del fuego, los vecinos comenzaron a pensar ¿y ahora qué? Entonces Reconstruyendo Epuyén, como organización comunitaria, cobró presencia.
El active vecinal
Estefi estaba en Canadá trabajando en la cosecha de fruta cuando se enteró de los incendios en la Patagonia. Sin conocer Epuyén, ante la sensación de lejanía e impotencia decidió comunicarse con personas del pueblo para saber cómo podía colaborar. Entraron en contacto: era necesario hacer un relevamiento. Varias vecinas empezaron a relevar las consecuencias del fuego y ella, desde la distancia, cargaba los datos para poder organizar los pedidos de donaciones, especialmente de alimentos y de herramientas. La Escuela 9 brindó espacio para un pañol de herramientas comunitarias. Cuando el 21 de marzo de 2025 se realizó el festival artístico solidario bajo el lema “Que el incendio no te sea indiferente” en el predio de artesanos de Epuyén, pusieron un puesto para que los vecinos se acercaran si aún no habían sido consultados. Con esos datos se organizaron mingas de reconstrucción, esa tradición prehispánica que implica trabajo comunitario y colectivo de utilidad social. Aunque de manera espontánea en la Patagonia suceden las mingas, Reconstruyendo Epuyén se encargó de organizar las tantas manos voluntarias dispuestas al trabajo con las necesidades de las diversas familias.
Es invierno. Santiago, sentado alrededor de la mesa de la casa de voluntarios junto con Sedric, conversa sobre cómo vivieron el in crescendo del fuego en 2016. Esta vez comenzó más lejos, les dio unos días. Desde que vio la primera columna de humo desde Puerto Patriada se reencontró con sus amigos de secundaria para prepararse y equiparse. Valora eso, el encuentro, el pasarse horas juntos esperando. Subían la lomada que está detrás del cementerio para ver cómo avanzaba la nube de humo y bajaban. Estaban en situación de alerta. “Hasta que vimos cómo empezó a arder bien todo el Pirque, ese ruido constante”, contó. El fuego rodeó el cerro en tan solo tres días. “Lo más parecido que encontré era la turbina del avión. Era una tromba negra, como un remolino negro, oscuro”. Cuenta cómo, entre tanto dolor, fue un alivio recibir como donaciones linternas de cabeza. El calor se calma por la noche, y es buen momento, si no hay mucho viento, para ir a apagar brasas.

Santiago y Sedric, a pesar de tener experiencias distintas, se escuchan y se complementan. Saben que este invierno seco (las lluvias escasean y el sol lava, en unos días, la poca nieve que se llega a acumular en las montañas) puede preanunciar un verano de fuego; entonces buscan llevar adelante junto a todo el grupo de voluntarios acciones de prevención, despinificación y capacitación. El pañol de herramientas, donde guardan las dos motosierras comunitarias, las mangueras, la motobomba, así como las herramientas de albañilería y la ropa donada, debe estar armado y funcional por si vuelve a haber emergencia ígnea en la comarca.
Si se quema el vecino, te quemás vos
Miriam, quien forma parte de la cocina solidaria que aún continúa en pie cocinando viandas para las mingas y organizando los módulos de alimentos que entregan a las familias damnificadas, se acerca a la casita de voluntarios para las reuniones, porque cada semana hay aspectos de la organización a pensar y reinventar: cómo conseguir donaciones para entregar módulos de comida a las familias damnificadas, cómo distribuir las manos, cómo están los cuerpos para continuar. Cuenta que Reconstruyendo Epuyén comenzó con un impulso que fue creciendo en organización, en ollas, en fueguitos para acompañar a las familias damnificadas. Dice, sin titubear, y con la certeza de haber encontrado un camino: “Estamos dando una respuesta y esa respuesta no es individual, no es un ´yo hago´, es un ´hacemos´, y eso a mí me da esperanza”.
Reconstruyendo Epuyén recibió más de 100 voluntarios en lo que va de 2026. Algunos por días, otros por semanas, y hay varios, provenientes de otras provincias y países, que deciden quedarse todo el invierno para fortalecer el trabajo comunitario y avivar, cuando llegue la primavera, los trabajos de construcción que menguan -pero no paran- durante el invierno. Viven en una casita que, a cambio de trabajo de limpieza del terreno, les alquilan para llevar adelante la vida comunitaria que buscan: ser parte del tejido social, escucharse, ayudarse mutuamente.

Carlos estaba a punto de vender su casa en Epuyén cuando sucedió el incendio que lo quemó. Entonces no se pudo ir, ni lo quiso. Decidió no abandonar el barco en ese momento crítico. “A mí la presencia de los voluntarios de Reconstruyendo Epuyén me ayudó para salir adelante. En un momento estaba muy bajón yo, y ellos vienen, vienen, y al día de hoy siguen viniendo una o dos veces por semana y me están ayudando. Ya estoy terminando para poder mudarme nuevamente”.
Sedric elige estar en su pueblo como voluntario. “Yo siento esta voluntad de ayudar porque siento que no sirve de nada quejarse si uno puede aportar y ayudar, por más que a veces pasemos por mucha incertidumbre, porque sí quedaron graves secuelas. Si no hacemos nada, nos van a pasar por arriba, porque ya son dos incendios consecutivos, siempre atacando la economía justo cuando empieza a circular el turismo”. Por su parte, Santiago agrega: “no podemos hacer como si no hubiese pasado nada. Me preguntaste si sentí que había cambiado algo del año pasado a este y yo creo que la gente dejó de mirar su propio ombligo porque se dio cuenta que si se quema el vecino, te quemás vos”.
Desde Reconstruyendo Epuyén hay una apuesta por lo comunitario y lo autogestivo que cuesta tiempo, esfuerzo y cuerpo. Varias personas ya no dan abasto, eso es señal, entienden, de que el invierno debe transformar la acción en algo más interno, para estar listos para la primavera. Entonces convocan reuniones para pensarse. A las pocas palabras surgen las lágrimas, que responden al dolor aún presente, a la emoción de ayudar y dejarse ayudar. De pronto, se oye una voz, alguien que no está dispuesto a que la tragedia lo abarque todo. “Esto es un mar de lágrimas, che; guarden las aguas. Las vamos a necesitar”. El humor se alimenta de lo que ven por la ventana: la falta de lluvias y la poca capacidad de la tierra quemada de absorber el agua. La cultura del fuego en la Patagonia ya se instaló: si se quema el vecino, te quemás vos.
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Carolina Fernández Ares (Buenos Aires, 1995) se mueve cerca de la literatura y de la ilustración como si de fueguitos en pleno invierno se tratara. Estudió Letras en la UBA y la cursó la maestria en Periodismo Narrativo de la UNSAM. Ha trabajado en diferentes oficios como la carpintería y la pintura, pero lo que la sigue convocando es el trabajo con la palabra y la investigación.


