InicioEntrevistasGuillermo Saccomanno: "Si estuviéramos satisfechos con la realidad no escribiríamos”.

Guillermo Saccomanno: “Si estuviéramos satisfechos con la realidad no escribiríamos”.

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Interrogantes, dice Guillermo Saccomanno. En el transcurso de la entrevista, esa palabra vuelve una y otra vez. El escritor defiende eso: el preguntarse, el dudar. Y afirma que con sus 78 años, la “vejez no es sabiduría, la vejez es festejar sentado en la cúspide de la montaña de los interrogantes”.

La excusa para charlar con el autor de novelas poderosas como Cámara Gesell, La lengua del malón o Arderá el viento (Premio Alfaguara 2025), es la reciente aparición de Escribir pájaros en la noche, publicado por La Flor Azul.

¿Cómo leer este nuevo libro de Saccomanno? ¿Como un compendio de instrucciones sobre la escritura? ¿Como un largo poema épico, construido como un edificio de haikus costeros, que tiene a la palabra como fuerza de tracción? ¿O como un ensayo sintético, filoso y misterioso sobre el oficio que eligió para su vida? Tal vez se pueda abordar de alguna de estas formas, o también como los desvelos de una persona que busca su propia escritura en la práctica misma, ese camino diario —en ocasiones agotador, en muchos momentos feliz— que es, en resumen, la mano deslizándose por el papel dejando marcas de tinta que se convierten en literatura.

Libro

“Este libro no fue pensado como libro. Este libro era un cuaderno que tenía al margen de la escritura de una novela, de artículos, de guiones, de poemas”, cuenta
Saccomanno. En su casa en Villa Gesell, sobre el escritorio en el que trabaja y al costado de la computadora, anotaba pensamientos, reflexiones, apenas unas líneas sobre qué es escribir.

El libro está armado con esos destellos de tinta, acompañados por trazos y dibujos de la ilustradora y pintora Teresita Olhaberry. “La escritura, la propia respiración”, marcan su cuaderno ahora mutado a libro. O también: “Sin conceder”. Y en las entradas un poco más extensas: “No hacer literatura. Tampoco poetizar. La idea de arte es reaccionaria. Oponerle la noción de necesidad. Toda escritura de necesidad confiesa, acusa y, con suerte, apenas redime”.

Entre 2009 y 2022, en el cuaderno “iba anotando reflexiones sobre este oficio tan raro que a veces es un vicio absurdo —repasa—. En los momentos de bloqueo de una narración, de un artículo, anotaba esos pensamientos sobre la manera de pensar este oficio que por momentos resulta apasionante y por momentos resulta detestable”.

“¿A qué me refiero con detestable?”, se pregunta. Y responde: “Una vez que te lo tomaste en serio, no te deja en paz. Escribir es una obsesión, se vuelve una obsesión. Si escribís, el día puede ser bueno. Si no escribís, el día puede ser un desastre. Los días que no escribís son los días perdidos”.

Escribir

Saccomanno trae a la charla al filósofo Friedrich Hegel y afirma: “La escritura nace de la insatisfacción de lo real”. En su obra este pensamiento es claro y en muchas páginas se vuelve incómodo para quienes lo leen. Sus novelas escarban en la suciedad de un país siempre al borde del abismo. Y el escritor sabe —como lo anotó en su cuaderno— que “cada palabra, un martillazo”.

“Si estuviéramos satisfechos con la realidad no escribiríamos. Cuando estás feliz, no escribís —explica—. A lo sumo podés llegar a escribir un poema de ilusorio amor cuando estás con alguien. Pero, en general, el estado en el que se escribe es de falta y de ausencia de la realidad. Porque escribir es tomar una distancia de la realidad. Estas son ideas sueltas que van revoloteando por el libro”.

Y retoma ese otro tema que surca las páginas de Escribir pájaros en la noche: “En realidad, es un libro de interrogantes, aunque por momentos tiene un tono de preceptiva, aunque no me gusta que tenga ese tono”.

Con esa escritura personal que se expandió en el tiempo y en el cuaderno, anclada en la vorágine diaria pero también en una especie de lugar paralelo e íntimo, se abrió un territorio incierto. “El cuaderno estaba siempre ahí al lado y a veces, cuando lo veía, se me ocurría algo y tomaba un apunte. Era como un acto reflejo natural”, recuerda.
“Escribir a mano es como una pulsión que la sentís mucho más honda”, sentencia Saccomanno.

guillermo saccomanno escribir pajaros en la noche | Guillermo Saccomanno: "Si estuviéramos satisfechos con la realidad no escribiríamos”. | Ornitorrinco

Silencio

Si la escritura en el libro se funde con las ilustraciones, la síntesis, las reflexiones, las dudas, el costado poético y las palabras se transforman en espasmos filosóficos, no podía faltar el silencio. Como en la música, los silencios en Escribir pájaros en la noche abren otras puertas: las que expanden el placer, la introspección, los pensamientos y la fascinación de dejarse llevar.

“El silencio es esencial. Es muy interesante el intersticio que hay entre palabra y palabra, entre idea e idea —remarca—. Hay un libro que podría ser modelo: Escribir, de Margarite Duras, una escritora a la que admiro profundamente y que la leo cada tanto. Escribí mucho sobre ella. Uno no se explica muy bien cómo es escribir. Ella dice que escribir tiene que ver con el silencio y con la soledad. Y dice que la soledad no viene, se hace, se construye”.

Saccomanno cuenta que ese silencio que acompaña su escritura lo encontró en Villa Gesell, donde vive hace casi cuarenta años. En la costa descubrió otros tiempos. “La visión del mar puede ser intimidante, te da una lección que, te diría, es casi ética, de que tomes conciencia de la pequeña dimensión ínfima en el universo”, asegura.

Las preguntas, los interrogantes, las búsquedas que al escritor tanto le interesan encontraron en la costa atlántica un cause donde desplegarse. Esa inmensidad del mar, “te plantea preguntas y te pone en un lugar como de humildad, te hace pensar que la escritura es un acto de vanidad, a menos que sea necesario. Rilke decía que no había que escribir a menos que sea necesario”, reflexiona.

Por eso, los apuntes que ahora vuelan en las páginas del libro comenzaron en “un momento donde tuve conciencia, o tuve una percepción más que una conciencia, de la necesidad, del impulso de escribir”.

Dios

“Búsqueda de la verdad, búsqueda de Dios, aunque tal vez no exista”, garabateó Saccomanno algún día en su cuaderno. Y en otra mañana o tarde o noche, frente al
bosque geselino: “Sentirse Dios, y después avergonzarse de la creación. Querer corregir aunque cada tachadura aumente la certeza: no sólo no soy Dios, sino que Dios se ha burlado una vez más”. Y también: “Escribir el abismo, dios sin mayúscula”.

¿Por qué Dios? ¿Qué significa esa aparición dispersa pero sólida a lo largo del libro?

“La escritura tiene algo de sangrado. Escribir es un acto, si se puede decir así, religioso—reflexiona—. No es que pongo velas o froto pirámides ni nada por el estilo. En la medida en que es un oficio, y un oficio que se hace día a día, esta ritualización tiene algo en el orden de lo religioso. Y también tiene algo de convicción de pregunta sobre la nada, sobre lo absoluto”.

El escritor, como lo aclaró al principio de la charla, sabe que los interrogantes son fundamentales. “¿Qué voy a agregar yo a este mundo?”, se pregunta. La respuesta, tal vez, esté en boca de Dios. Pero Saccomanno es un hombre de oficio. “Nadie está esperando un libro mío, nadie está esperando nada —dice—. Pero en algún momento, en alguna distancia, surge la necesidad de escribir. Ojo que, por ahí, puede parecer raro, porque mi literatura, a pesar de que pueda haber un relato de orden fantástico, es una literatura realista, dura. Pero al margen de esa producción hay una cosa mucho más privada, íntima, que es la de las preguntas”.

Foto: Guillermo Saccomanno en Villa Gesell. archivo de La Capital
Foto: archivo de La Capital

Poesía

A los 15 o 16 años, Saccomanno comenzó a escribir poesía, a dibujar y a pintar. A los 17, publicó su primer poema. En el libro el pulso de ese género está presente. “Para mí, la poesía siempre fue como algo del orden existencial, como una razón de ser de la escritura —señala—. La prueba es que leo mucha más poesía y filosofía. Tengo la impresión que un poema, un verso, una línea, puede iluminar un mundo”.

Si la novela necesita cuatrocientas páginas para contar sobre la vida y la muerte, sostiene, “un poema lo dice todo”. La poesía es un rayo que te cruza y “te pregunta dónde estás parado, por qué, cómo, qué estás haciendo”.

¿Poema épico, ensayo urgente, un panfleto delicado sobre el oficio? ¿Qué es Escribir pájaros en la noche?

“Yo me pregunto cuando escribo esto, ¿a qué genero pertenece? Por otro lado, ¿a quién carajo le importa a qué genero pertenece? —dice y ríe—. Lo que estoy
planteando es que en todo esto no crean, duden”.

¿Quién era yo?

En el posfacio, la poeta María Domínguez —que impulsó a Saccomanno a transformar sus apuntes en un libro— destaca que el cuaderno del escritor “devino su campo de batalla”, algo que conecta con el epígrafe (casi una consigna) que abre el telón de la obra: “La batalla de las batallas es escribir”. La frase es de Herman Melville.

Escribir y dudar, acertar la palabra justa y errar, tachar, reescribir: esta es, quizá, otra hipótesis del libro. Siempre desde el oficio, siempre desde una mezcla de disciplina y libertad plena.

“Yo he escrito en las condiciones más difíciles y más placenteras. He escrito en redacciones, en agencias de publicidad, en bares, en ómnibus —recuerda—. Siempre ando con un cuaderno o una libreta, siempre. Me parece importante que cuando tenés una idea, la abroches y no se te pierda”.

Saccomanno cuenta que ahora está armando un libro de poemas junto a su hija. Poesía escrita a lo largo del tiempo que, en realidad, son tres o cuatro libros que verán la luz en un solo volumen. Y vuelve a las preguntas: “Cuando escribiste todo lo que escribiste, ahí te preguntás ¿cómo fue? ¿Dónde estaba yo? ¿Quién era yo? A mí siempre me parecen muchos más inteligentes las preguntas que las respuestas. Con las respuestas uno se ataja, se defiende, trata de quedar bonito en la foto”.

“El hecho de hacerse preguntas es importante con respecto a la escritura. Si tomo un modelo, pienso en Cesare Pavese. Lo que se plantea en su diario El oficio de vivir son preguntas. Uno piensa en otros escritores, aun aquellos que pareciera que no son tipos de reflexionar sobre la escritura, por ejemplo Truman Capote”, sostiene. Y agrega: “Capote, y ahora vuelvo a la cuestión de Dios, creo que dice en el prólogo de Música para camaleones, que cuando Dios te da un don también te da un látigo. Y la escritura es eso”.

La enseñanza del periodista estadounidense, apunta Saccomanno, es la alegría y la fuerza de escribir y saber que eso, hasta ese preciso momento, no existía en el mundo, “pero al mismo tiempo te pone en un espacio de rigor crítico, que es el espacio del látigo”. Y por última vez sobrevuela Escribir pájaros en la noche: “A medida que hablo tengo cada vez más interrogantes de los que parece sobre este libro. Me digo: esto lo escribió otro”.

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+ notas

Leandro Albani (1980, Pergamino). Periodista. Autor de los libros "Kurdistán. Crónicas insurgentes" (kunto a Alejandro Haddad), "Revolución en Kurdistán. La otra guerra contra el Estado Islámico", "ISIS. El ejército del terror", "Mujeres de Kurdistán. La revolución de las hijas del sol" (junto a Roma Vaquero Diaz), "No fue un motín. Crónica de la masacre de Pergamino", "Ni un solo día sin combatir. Crónicas latinoamericanas" y "Kurdistán urgente. Historias de un pueblo en resistencia".

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