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El Sexto Sol y el renacimiento del mundo

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La historia del universo nace, se transforma, encuentra su equilibrio y finalmente se derrumba para comenzar otra vez. Esa es una de las ideas centrales de la Leyenda de los Soles, el antiguo relato nahua que explica la existencia de varias humanidades anteriores a la nuestra. Cada una habitó un mundo gobernado por un Sol diferente y desapareció durante una gran catástrofe. La humanidad actual vive bajo el Quinto Sol, una era marcada por el movimiento y amenazada también por él.

Una de las principales fuentes escritas de esta cosmogonía es la Leyenda de los Soles, un manuscrito redactado en náhuatl hacia 1558 y conservado dentro del conjunto documental conocido como Códice Chimalpopoca. El texto fue elaborado pocas décadas después de la conquista española y recuperó relatos transmitidos oralmente entre los pueblos del centro de México. Otras versiones aparecen en la Historia de los mexicanos por sus pinturas, la Historia general de las cosas de Nueva España, de fray Bernardino de Sahagún, y diferentes códices mesoamericanos.

Aunque las fuentes difieren en algunos nombres, duraciones y órdenes, coinciden en una estructura fundamental. Antes de la era presente existieron cuatro mundos. Cada uno estuvo relacionado con una fuerza de la naturaleza, tuvo sus propios habitantes y terminó de forma violenta. La creación nunca aparece como un acto definitivo. El cosmos debe rehacerse porque incluso el orden construido por los dioses puede agotarse, romperse o ser destruido.

El Primer Sol fue conocido como Nahui Ocelotl, Cuatro Jaguar. En aquella época la tierra estaba habitada por gigantes. Tezcatlipoca era el Sol, pero Quetzalcóatl lo derribó y el mundo quedó sumido en la oscuridad. Entonces aparecieron los jaguares, que devoraron a sus habitantes. Algunas representaciones muestran este primer tiempo como una era vinculada con la tierra, la noche y las fuerzas más antiguas del universo.

El Segundo Sol fue Nahui Ehécatl, Cuatro Viento. Quetzalcóatl ocupó el cielo y dio luz al mundo hasta que Tezcatlipoca provocó un huracán. Los vientos fueron tan poderosos que arrastraron árboles, casas y montañas. Los seres humanos que sobrevivieron se transformaron en monos. El relato explica así el origen de determinados animales y presenta la destrucción como una transformación. Nada desaparece completamente. Los habitantes de un mundo pueden continuar existiendo bajo otra forma.

Quetzalcóatl, conocido como la Serpiente Emplumada, es una de las deidades más importantes y complejas de la mitología mesoamericana
Quetzalcóatl, conocido como la Serpiente Emplumada, es una de las deidades más importantes y complejas de la mitología mesoamericana

La tercera era recibió el nombre de Nahui Quiahuitl, Cuatro Lluvia. Su final llegó mediante una lluvia de fuego, identificada en algunas versiones con la actividad volcánica. Los seres humanos se convirtieron en aves para escapar de las llamas. La cuarta fue Nahui Atl, Cuatro Agua. Durante ese Sol ocurrió una inundación que cubrió la tierra durante años y convirtió a sus habitantes en peces. Una pareja logró sobrevivir, aunque los relatos marcan desenlaces diferentes sobre su destino.

Agua, fuego, viento y tierra aparecen como fuerzas creadoras y destructoras. Son los elementos que hacen posible la vida y, al mismo tiempo, pueden terminar con ella cuando el equilibrio se rompe. La Leyenda de los Soles expresa una concepción del tiempo profundamente ligada a la naturaleza. Las eras humanas dependen de una relación siempre inestable entre el cielo, la tierra, los dioses, los animales y los fenómenos naturales.

Después de la destrucción de los primeros cuatro mundos, los dioses se reunieron en Teotihuacán para crear un nuevo Sol. El lugar ya era una ciudad antigua y enigmática cuando los mexicas llegaron al altiplano. Su nombre puede traducirse como el sitio donde los seres humanos se convierten en dioses. Allí se encendió una gran hoguera y se preguntó quién tendría el valor de arrojarse a ella para iluminar la nueva humanidad.

Tecuciztécatl (o Tecciztécatl) es el dios mexica de la Luna, cuyo nombre significa "Señor de los caracoles"
Tecuciztécatl (o Tecciztécatl) es el dios mexica de la Luna, cuyo nombre significa “Señor de los caracoles”

Dos dioses se ofrecieron. era rico, poderoso y orgulloso. Nanahuatzin era pobre, estaba enfermo y tenía el cuerpo cubierto de llagas. Durante cuatro días ambos ayunaron e hicieron penitencia. Tecuciztécatl entregó ofrendas valiosas, mientras Nanahuatzin llevó objetos humildes. Cuando llegó el momento de saltar al fuego, el dios rico lo intentó cuatro veces, pero retrocedió por miedo. Nanahuatzin cerró los ojos, se arrojó a las llamas y se convirtió en el Sol.

Avergonzado, Tecuciztécatl saltó después y también comenzó a brillar. Los dioses comprendieron que no podía haber dos astros con la misma intensidad. Uno de ellos arrojó un conejo contra el rostro de Tecuciztécatl y disminuyó su resplandor. Así nació la Luna, en cuya superficie los pueblos de Mesoamérica reconocieron desde entonces la silueta de aquel animal.

Sin embargo, el nuevo Sol permaneció inmóvil. Nanahuatzin había entregado su cuerpo, pero ese sacrificio no era suficiente. Para que el astro iniciara su recorrido, los demás dioses también debían ofrecer su vida. Ehécatl, la manifestación de Quetzalcóatl vinculada con el viento, puso finalmente al Sol en movimiento. El mundo pudo comenzar porque ninguna divinidad quedó afuera de la responsabilidad de sostenerlo.

La humanidad del Quinto Sol tampoco apareció de la nada. La Leyenda de los Soles cuenta que Quetzalcóatl descendió al Mictlán, el mundo de los muertos, para buscar los huesos de las generaciones anteriores. Al llegar ante Mictlantecuhtli y Mictlancíhuatl explicó que los dioses se preguntaban “quién vivirá en la tierra”. Después de superar diferentes pruebas, escapó con los restos, aunque tropezó y los huesos se quebraron. Esa fractura explicaría por qué los seres humanos tienen distintas estaturas.

Nanahuatzin es el dios mexica de la humildad y el sacrificio, célebre por arrojarse a una hoguera sagrada en Teotihuacán para convertirse en Tonatiuh, el Quinto Sol, que da luz y vida a la era actual
Nanahuatzin es el dios mexica de la humildad y el sacrificio, célebre por arrojarse a una hoguera sagrada en Teotihuacán para convertirse en Tonatiuh, el Quinto Sol, que da luz y vida a la era actual

La diosa Cihuacóatl molió los huesos en un recipiente y Quetzalcóatl derramó sobre ellos la sangre de su propio cuerpo. De esa mezcla nacieron los hombres y las mujeres del nuevo mundo. La escena encierra una de las ideas más profundas del relato. Cada humanidad está construida con los restos de las anteriores. Los muertos se encuentran dentro de los vivos y el presente lleva consigo la memoria de otros tiempos.

El Quinto Sol se llama Nahui Ollin, Cuatro Movimiento. Según la traducción recuperada por Miguel León-Portilla, “se llama Sol de movimiento porque se mueve, sigue su camino”. El término ollin puede referirse al movimiento del Sol, a los cambios del mundo y a los temblores de la tierra. La misma fuerza que mantiene vivo al universo contiene la posibilidad de su destrucción.

La Piedra del Sol, uno de los monumentos más conocidos de la cultura mexica, representa en su centro el signo Ollin. Alrededor aparecen los símbolos asociados con las cuatro eras anteriores. El monolito no era solamente un calendario, como se lo llamó durante mucho tiempo, sino una compleja representación del tiempo, el poder, el movimiento de los astros y la sucesión de los mundos.

De acuerdo con la tradición, el Quinto Sol terminaría mediante grandes terremotos. Las fuentes históricas no describen de manera uniforme qué ocurrirá después ni establecen una fecha precisa para el nacimiento de un Sexto Sol. La idea de una sexta era fue desarrollada y reinterpretada posteriormente por diferentes comunidades, pensadores y movimientos de recuperación de la espiritualidad mesoamericana.

Para estas interpretaciones contemporáneas, el Sexto Sol representa una renovación de la conciencia humana. Su llegada estaría vinculada con la recuperación de los conocimientos ancestrales, el restablecimiento del equilibrio con la naturaleza y el encuentro entre pueblos separados por la conquista y las fronteras. Algunas corrientes lo relacionan con el regreso simbólico de Quetzalcóatl, entendido como el retorno de la sabiduría y no necesariamente como la aparición física de una divinidad.

No existe una única profecía del Sexto Sol compartida por todos los pueblos originarios. Tampoco hay consenso sobre el momento exacto en que comenzaría esa nueva era. Algunas interpretaciones sostuvieron que se inició en 1987, otras eligieron el año 2000 o diciembre de 2012 y distintas corrientes proponen fechas posteriores. Por eso es necesario distinguir los antiguos relatos sobre los cinco Soles de las lecturas espirituales construidas en tiempos recientes.

Los mitos permanecen vivos porque cada generación vuelve a interrogarlos desde su propia realidad. La crisis climática, la contaminación del agua, la destrucción de los bosques, las guerras y el despojo de las comunidades han dado una nueva fuerza a una narración que advierte sobre las consecuencias de romper los equilibrios del mundo.

En la Leyenda de los Soles, cada era termina cuando el orden que la sostiene deja de funcionar. La creación siguiente conserva algo de lo destruido, pero exige una nueva entrega. Los dioses se sacrifican, Quetzalcóatl recupera los huesos de los muertos y el movimiento vuelve a comenzar. La transformación del universo nunca depende de un solo ser. Es una tarea colectiva.

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Periodista (TEA-Universidad de Concepción del Uruguay) y fotógrafa (ETER); especialista en política internacional. Soy docente en TEA&Deportea y escribo en Página 12.

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