Fragmento del discurso de Rigoberta Menchú, lideresa maya y Premio Nobel de la Paz 1992
Yo soy Maya K’iche’, soy maya y soy una nieta de los mayas. Nuestros abuelos y abuelas nos enseñaron a comprender la vida a través de un calendario sagrado, de nuestra relación con la Madre Tierra, con el agua, con la Luna y con el Sol. Somos parte de un linaje que viene de muy lejos y que nos recuerda que nuestra existencia está unida a la naturaleza, a nuestros ancestros y a quienes vendrán después de nosotros.
Para los pueblos indígenas, la identidad no es una palabra vacía. Está ligada a la tierra, al territorio, a la lengua, a la cultura y a la espiritualidad. Defendimos el concepto de pueblos porque habla de nuestra capacidad de decidir sobre nuestra propia vida, nuestra organización y nuestro futuro.
Nuestra generación tuvo que enfrentar normas y políticas que buscaban despojarnos de nuestros territorios, de nuestra cultura y de nuestra identidad. Por eso luchamos en cada comunidad y en cada rincón del mundo. Poco a poco fuimos rompiendo el silencio que nuestros pueblos habían cargado durante tanto tiempo y conseguimos unir nuestras voces a nivel internacional. Esa lucha hizo posible conquistar derechos y construir herramientas que hoy deben ser defendidas y llevadas a la práctica.

Ser libre para nosotros significa poder vivir con identidad. Significa conservar nuestra lengua, nuestra cultura, nuestro territorio y nuestra espiritualidad, incluso cuando nos desplazamos lejos de nuestras comunidades. La emancipación de los pueblos indígenas consiste en poder decidir por nosotros mismos y vivir de acuerdo con nuestra propia forma de entender el mundo.
Hoy vemos a muchos jóvenes indígenas orgullosos de sus lenguas, de sus sitios sagrados y de las enseñanzas de sus abuelos y abuelas. Eso demuestra que ser indígena no consiste solamente en asumir una denominación. Es una forma de vida. En nuestras comunidades existen conocimientos, valores, principios, sistemas de organización, formas propias de producir, de impartir justicia y de comprender el tiempo y la naturaleza.
La identidad también es dignidad. Cuando nuestra identidad es negada, también se vulnera nuestra dignidad. Por eso nuestra lucha no puede quedarse solamente en los discursos. Necesitamos acciones concretas que permitan a nuestros pueblos decidir sobre sus territorios, ejercer sus derechos y participar directamente en las políticas que afectan sus vidas.
También necesitamos una educación pública construida con la participación activa de los pueblos indígenas. Una educación que nazca de las propias comunidades, que reconozca nuestras lenguas y nuestros conocimientos, y que nos considere sujetos capaces de decidir. Durante demasiado tiempo se diseñaron programas desde afuera, mientras otros hablaban, administraban recursos y tomaban decisiones en nombre de nuestros pueblos.
Lo mismo ocurrió con muchos proyectos destinados supuestamente a beneficiarnos. Cuando revisamos cientos de programas, encontramos que muy pocos habían sido ejecutados directamente por indígenas. Parecía que otros siempre tenían que construir nuestras escuelas, administrar nuestro dinero o definir nuestras prioridades. Nosotros sabemos construir caminos, sabemos organizar comunidades y sabemos administrar recursos. Lo que necesitamos son condiciones que nos permitan hacerlo.
Tenemos además una responsabilidad con nuestra memoria. Muchos de quienes impulsaron las primeras luchas internacionales de los pueblos indígenas ya no están, pero dejaron una huella que continúa acompañándonos. Si nosotros no contamos nuestra propia historia, otros la contarán por nosotros. Recordar a quienes lucharon antes significa también continuar aquello que comenzaron.
La tierra y el territorio siguen siendo el centro de todo. Desde allí podemos construir nuestra vida, ejercer autoridad, hablar nuestra lengua, sostener nuestra espiritualidad y decidir nuestro destino. Mientras estemos sobre esta tierra, debemos defender el derecho a tener territorio, identidad, libertad y autodeterminación. Ese es el camino para que los pueblos indígenas puedan vivir con dignidad y ejercer plenamente sus derechos.
Periodista (TEA-Universidad de Concepción del Uruguay) y fotógrafa (ETER); especialista en política internacional. Soy docente en TEA&Deportea y escribo en Página 12.


