En mayo de este año se publicó el informe “Apuntes para una regulación de la Inteligencia Artificial en los Medios de Comunicación”, elaborado por la Federación Argentina de Trabajadores de Prensa (FATPREN) y el Sindicato de Prensa de Buenos Aires (SiPreBA), con el apoyo de la Fundación Heinrich Böll. Este documento surgió como respuesta a la demanda sindical urgente de regular el uso de la IA. El debate trascendió lo tecnológico para involucrar derechos laborales, su uso en las redacciones, el impacto en la jornada laboral, la propiedad intelectual y la calidad informativa.
Para profundizar en estos temas, dialogamos con Carla Gaudensi, secretaria general de FATPREN, y Paco Rabini, secretario adjunto de SiPreBA. Los dirigentes sindicales analizan las urgencias regulatorias, las tensiones de la “modernización laboral” y el rol social indiscutible del periodismo en la construcción de la democracia.
¿Por qué resulta urgente avanzar en un marco regulatorio para la IA en los medios de comunicación y cuáles son los ejes centrales de la demanda sindical?
Carla Gaudensi: Sostenemos que es imprescindible contar con regulaciones que incluyan protocolos internos en las empresas de medios y una ley nacional sobre la utilización de la inteligencia artificial. El principio rector de cualquier normativa debe ser la supervisión humana permanente. Entre las pautas mínimas que exigimos están: que las audiencias sepan de manera explícita cuándo una nota o contenido fue elaborado con IA, que exista control y edición humana obligatoria, y que se garantice la capacitación a los trabajadores. De hecho, hemos incorporado estos puntos dentro del debate del proyecto sobre el Estatuto del Periodista que impulsamos en el Congreso.
Frente a plataformas globales masivas, ¿qué posibilidades reales ven de implementar este tipo de normativas a nivel local?
Paco Rabini: Es un terreno adverso a nivel nacional y es muy probable que terminemos adaptando regulaciones que se aprueben primero en regiones como Europa o Australia. Los empresarios de medios han demostrado una fuerte lealtad de clase con las corporaciones tecnológicas, prefiriendo recibir financiamiento de plataformas como Facebook antes que articular una estrategia conjunta con los trabajadores de sus propias empresas. Pese a esto, es necesario dar la batalla cultural y legislativa para proteger nuestra actividad y defender colectivamente el rol social del periodismo.
En el debate público suele hablarse de la “modernización laboral” como un proceso inevitable. ¿Cómo interpretan este concepto frente a los marcos legales vigentes?
Paco Rabini: El término “modernización laboral” se ha transformado en un eufemismo. La norma laboral más antigua vigente es la que fija el límite de 48 horas semanales establecido por la OIT. Sin embargo, la ley más moderna que teníamos, que era la Ley de Teletrabajo (Ley 27.555), fue derogada por la Ley de Modernización Laboral (Ley 27.802), junto al Estatuto del Periodista (Ley 12.908). Es falso que las organizaciones sindicales se nieguen a discutir o actualizar los convenios colectivos; lo planteamos sistemáticamente en cada mesa paritaria. Son los propios empresarios los que rechazan modificar los convenios para poder tratarlos como “letra muerta” y flexibilizar las condiciones de trabajo a su conveniencia.
¿De qué manera impactan la precarización y las reformas en la jornada de trabajo sobre la equidad de género dentro del gremio?
Carla Gaudensi: La precarización laboral se expresa en salarios por debajo de la línea de pobreza y en un régimen de pluriempleo. Existe además una clara segmentación de género: las mujeres nos concentramos en las tareas de redacción y prensa escrita que son las peor remuneradas y las más expuestas al reemplazo por herramientas de IA, mientras que los puestos en televisión y técnica están mejor pagos y ocupados mayoritariamente por varones.
Paco Rabini: A esta brecha se le suman mecanismos de flexibilización como el “banco de horas”, el cual afecta de forma directa a las madres trabajadoras. Al imponer jornadas impredecibles e imprevisibles, se impide conciliar la labor periodística con las responsabilidades de cuidado de los hijos.
La promesa de la Inteligencia Artificial es el ahorro de tiempo y el aumento de la productividad. ¿Cómo repercute esto en la carga laboral cotidiana?
Paco Rabini: El uso de IA en la profesión ha crecido exponencialmente: pasó del 8,4% en 2023 al 23% en 2024, alcanzando el 47% en 2025 y el 58% en 2026. En sectores específicos como el breaking news, la penetración llega al 71,4% por la urgencia de ganar tiempo y posicionarse frente a la competencia. La productividad se duplicó pero las jornadas laborales no se reducen y los salarios tampoco aumentan.
Carla Gaudensi: La plusvalía producida por este salto tecnológico queda en manos del sector empresarial. Mientras las corporaciones acumulan fortunas históricas, los trabajadores de prensa no pueden acceder a una vivienda ni subsistir con un solo empleo.
¿Qué cambios han observado en la dinámica interna de las redacciones a raíz de estas tecnologías?
Paco Rabini: El trabajo periodístico gráfico, que antes se realizaba de manera colectiva a través del intercambio constante entre el redactor y el editor, se ha fragmentado. Hoy predominan periodistas aislados mediante el teletrabajo y contratados como monotributistas. Ante la ausencia de la figura del editor humano, la interacción pasa a darse de forma directa con la máquina, ocupando espacios que la IA no debería llenar.
¿Las empresas de comunicación están garantizando capacitaciones o insumos técnicos para la utilización de estas herramientas?
Paco Rabini: Los relevamientos señalan un déficit rotundo: las empresas impulsan la utilización de la IA para acelerar la producción de contenidos, pero no brindan capacitación técnica ni establecen protocolos de uso. Se arroja al trabajador a utilizar la herramienta sin explicarle los aspectos metodológicos ni sus límites.
Frente a la omisión patronal, ¿de qué forma adquiere el periodista los conocimientos necesarios para operar con la IA?
Carla Gaudensi: La adopción se da de manera totalmente autodidacta. Ante la presión por mayores volúmenes de entrega y el desgaste de tener tres o cuatro empleos para llegar a fin de mes, los compañeros recurren por su cuenta a estas herramientas para agilizar tareas. Esto genera un riesgo de desvalorizar las tareas creativas y el oficio periodístico.
¿Qué riesgos éticos supone confiar en la respuesta de un modelo de IA y cuál es la diferencia clave entre la verosimilitud y la verdad periodística?
Paco Rabini: Hay un error conceptual al considerar que la IA actúa como una calculadora matemática exacta. La IA no entrega certezas ineludibles, sino que construye resultados probabilísticos verosímiles que no necesariamente coinciden con la realidad. La IA no investiga, no crea contenido original, ni paga derechos de autor; se limita a editar o reacondicionar información generada por humanos. Tampoco puede ganarse la confianza de una fuente confidencial, entrevistar al testigo de un hecho, ni estar presente en la calle. El periodismo exige chequeo, y la velocidad de publicación jamás debe estar por encima del rigor informativo.
¿De qué manera afecta la automatización sin control a la democracia y a la credibilidad pública del periodismo?
Carla Gaudensi: La proliferación de contenidos automatizados y desinformación erosiona el derecho humano a la información de toda la ciudadanía. Si se reemplaza la labor de investigación y el testimonio directo por herramientas de IA sin supervisión ni mirada ética, el público pierde la capacidad de discernir entre la verdad y la ficción, lo que daña el debate democrático.
Frente a proyectos que proponen sustituir las redacciones por avatares e IA que sintetizan notas de otros medios, ¿cuál es la postura de los trabajadores organizados?
Paco Rabini: Esos esquemas no hacen periodismo; se limitan a apropiarse de la información producida por periodistas de carne y hueso para vestirla con avatares. La IA no crea de la nada y, si se nutre exclusivamente de contenidos generados por la propia IA, entra en bucles de degradación. Reivindicamos el ejercicio del periodismo como una profesión y un oficio comprometido con la veracidad y la sociedad, algo que ninguna herramienta automatizada podrá sustituir sin la presencia activa del trabajador humano.
Desarrollador de Software | Periodista de Investigación y Datos | Fotoperiodista


