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Enséñame los dientes: la UBA entregó 180 prótesis gratuitas durante el “paro a la japonesa”

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El miércoles 15 de abril, la zona universitaria del barrio porteño de Balvanera no tuvo el foco puesto en sus facultades, sino en sus veredas. Para las 9 de la noche, el paro de la Facultad de Odontología de la UBA llevaba 13 horas de actividad ininterrumpida. De los cinco tráilers estacionados en línea sobre avenida Córdoba emanaba una fila de personas que doblaba en la calle Junín y se envolvía de nuevo en Viamonte. La estación de subte se perdía entre la gente y los camiones.

Lo raro justamente era eso: un paro que no paraba. A este tipo de huelguas, en las que los trabajadores ejercen sin descanso en vez de detener sus actividades, se le suele llamar paro “a la japonesa”. El origen de este término no es demasiado claro. De hecho, en Japón hay pocas huelgas, y si las hay, son “a la tradicional”. 

Para reclamar el cumplimiento del presupuesto universitario que el Gobierno Nacional se niega a cumplir, lo que se propusieron los de Odontología fue simple y complejo a la vez. Durante 24 horas, todo aquel que se presentara en los tráilers sería atendido de forma gratuita. Así fue que casi 6200 pacientes recibieron algún tipo de tratamiento sin gastar un solo peso. Lo complejo, claro, fue la tarea de organizar a los profesionales y a los consultorios móviles de modo que la jornada sea lo más productiva posible. 

El odontólogo Jorge Pasart, mejor conocido como “Jordi”, es el Secretario de Extensión Universitaria de la Facultad y fue quien encabezó la huelga. Algunos días después me cuenta: “Mi sensación principal es que a partir de este paro empieza a haber otra manera de protestar, otra manera de reclamar, que es mucho más eficiente que el paro tradicional, que las marchas tradicionales, que los cortes de calle y que la toma de facultades. Lo que hicimos fue mucho más convocante para la sociedad y para los medios de comunicación. La otra sensación que me queda es que si lo tenemos que hacer de nuevo la semana que viene, lo hacemos mucho mejor. En parte fue responsabilidad mía porque yo fui el que estuvo a cargo de la jornada. Tuvimos mucha superposición de tareas, algo que era esperable, pero creo que para la próxima nos vamos a organizar de manera más eficiente”.

Odontólogo de la Facultad de la UBA realiza una revisión y limpieza dentro de uno de los trailers durante el paro a la japonesa. Foto: Shannon Prickett
Odontólogo de la Facultad de la UBA realiza una revisión y limpieza dentro de uno de los trailers durante el paro a la japonesa. Foto: Shannon Prickett

Más allá de las limitaciones esperables para una primera edición, se pudieron entregar más de 180 prótesis de distintas complejidades que, según explica Pablo Alejandro Rodríguez, decano de Odontología, en un consultorio privado costarían más de un millón de pesos. “No olvidemos que cuando hay crisis los pacientes empiezan a dejar de lado la atención de la boca. Para empezar, los latinos, y los argentinos un poco más, no somos muy preventivos. Las patologías nuestras son evolutivas, siempre van para peor y cuánto más complejas se vuelven, más caro es el tratamiento. Si a todo esto le sumás la crisis, es lógico que se haga cada vez más largo ese círculo vicioso”, reflexiona Rodríguez. 

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Para las 12 la fila no se había vuelto menos larga, pero varios profesionales ya no daban abasto. Llega un punto en que el agotamiento pone en riesgo el accionar de los odontólogos y es mejor retirarse que exponerse. Algunos imprevistos, mucha voluntad; a la medianoche llegaron 50 estudiantes avanzados y coparon todos los sillones. Todavía quedaban ocho horas de trabajo por delante.

La cola que esperaba a ser atendida era heterogénea, muy diversa: familias enteras, niños cansados, jubilados, jóvenes, amigos haciéndose el aguante, personas con y sin trabajo. ¿Desde cuándo la salud dental se volvió un lujo? Pasart me sugiere la idea de que hay carencias que dejaron de limitarse a las zonas rurales y que parecerían estar calando cada vez más hondo en las ciudades más ricas del país:  “Claro que me llamó la atención lo larga que fue la fila, pero no me llamó la atención la necesidad. Cuando recorremos el país, cuando vamos con la Facultad a las provincias más vulnerables del norte, siempre volvemos a la conclusión de que la necesidad es interminable. Lo que sí no me esperaba era que la fila fuese tan larga en un día tan lluvioso y en el contexto de una metrópolis. Quienes viven en ciudades del tamaño de Buenos Aires, ciudades que tienen un sistema de salud robusto, no deberían sufrir estos embates”.

Entrada la madrugada, había algunos en la fila que comenzaban a preocuparse porque desde las 12 se habían empezado a dejar de tomar turnos para algunos tratamientos. La mamá de Juan era uno de esos preocupados. Su hijo tenía un diente supernumerario en el paladar. Los dos venían de Merlo y llevaban más de seis horas en la vereda. No sabían cuándo se les volvería a presentar una oportunidad como esa, y si no era esa noche, a ese diente le esperaba una lejana fecha de salida. 

Juan estaba vestido como se solían vestir los niños para ir al doctor décadas atrás. Algunas operaciones eran más urgentes que otras, y esta extracción no podía esperar mucho tiempo más. A las 2 de la mañana, incumpliendo un poco con el protocolo, Pasart los agarró a los dos y se los llevó a un tráiler. Varios minutos después, el paladar de Juan estaba libre de dientes. 

Una médica odontóloga acompaña a una persona no vidente durante el paro a la japones. Foto:: Shannon Prickett
Una médica odontóloga acompaña a una persona no vidente durante el paro a la japones. Foto:: Shannon Prickett

Había un patrón común en todos los pacientes: caras largas en la espera, sonrisas orgullosas después del tratamiento. Al terminar con el suyo, un hombre de aproximadamente 50 años recitó un poema para todos. Un poco para el entretenimiento de los que todavía estaban esperando, y un poco más  para los odontólogos que lo acababan de atender. Segundos después de que el poeta desapareciera cantando entre la multitud, varios todavía preguntaban sobre qué iba el poema. Entre la lluvia y el cansancio, había sido todo un acontecimiento. 

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Al parecer, los pacientes no fueron los únicos sonrientes aquel día: “Nunca vi a tantos periodistas sonreír mientras hacían una nota. Se notaba que los medios que se acercaron a cubrir lo que pasaba en los tráilers valoraban lo que estábamos haciendo y no se percibió repudio. Si me preguntás a mí, esta es la primera protesta que realmente trascendió adentro del Gobierno. Nunca lo van a decir, pero sé que fue un reclamo que a ellos les pareció original y novedoso. Estoy seguro de que lo hablaron, como también lo hablaron medios con miradas muy diversas”, amplía Pasart.

Sin embargo, si algún integrante del Gobierno mostró los dientes ese día no fue particularmente para mostrarse alegre. A dos voces, Pasart y el decano Rodríguez, se encargan de reforzar la idea de que la jornada no fue solo para brindarle un servicio a la comunidad. Fue un reclamo: “No olvidemos que esta protesta fue por el salario de investigadores, docentes y no docentes que están muy mal pagos. El 90% de los profesionales de la Facultad de Odontología son parciales. Es decir, que van a la facultad 10 horas y después se van sus consultorios. Todos los profesionales parciales que fueron a atender en el paro lo hicieron para visibilizar el reclamo de ese otro 10%, que son los profesores de anatomía, histología y bioquímica que viven de la universidad y que no tienen otra salida laboral. Profesionales que, en el mejor de los casos, cobran 1.4 millones de pesos, incluso con 35 años de antigüedad”.

Jorge Pasart “Jordi”, Secretario de Extensión Universitaria de la Facultad de Odontología que encabezó la jornada de 24 hs ininterrumpidas. Foto: Shannon Prickett.
Jorge Pasart “Jordi”, Secretario de Extensión Universitaria de la Facultad de Odontología que encabezó la jornada de 24 hs ininterrumpidas. Foto: Shannon Prickett.

La Ley de Financiamiento Universitario fue propuesta por el Congreso y aprobada en agosto del año pasado. En septiembre, el Poder Ejecutivo, encabezado por el presidente Javier Milei, la vetó, pero en octubre las cámaras volvieron a ratificarla. Es decir, la Ley está vigente, pero de manera inconstitucional el Gobierno decide no cumplirla. 

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Cuando el sol volvió a salir, los tráilers seguían ahí. En algún momento de la noche se había sumado otro más pequeño de la Facultad de Ciencias Veterinarias. De a ratos, la fila de pacientes odontológicos se topaba con bulldogs, caniches y galgos que esperaban sus vacunas gratis. En algún otro momento de la jornada también se entregaron 360 pares de anteojos. Juan seguramente ya estaba en su casa, o al menos en camino. La estación del subte era un poco más divisible. Pasart se encargó de darle su número a aquellos que no pudieron recibir sus protesis, iban a ser atendidos en las próximas semanas. Aquellos fueron días nublados, pero el foco estuvo puesto en otro lugar.

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Joaquín Benitez Demark es periodista. Escribe el newsletter "La sociedad del rebote" miércoles de por medio.

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