Hablemos de poesía y poetas

“La poesía es el lenguaje del borde y la caída; el lenguaje de lo
imposible, lo difuso, lo onírico, lo inaprensible, lo inverificable, lo sucio,
lo estropeado, lo descorazonado, lo sórdido, lo gutural, lo desesperado”.
María Malusardi, Nadie sabe qué hacer con los poetas

Querido lector,

El algoritmo suele ser traicionero y vago en sus recomendaciones, aunque a veces se alinea perfectamente con los deseos. Así fue como navegando por las redes, me topé con el título de un libro que llamó poderosamente mi atención.

Siempre me pregunté si uno se vuelve poeta por convicción, por imitación, por pasión o por hábito. Necesitaba un libro que ahondara en mis búsquedas, escrito por alguien que sepa, estar de los dos lados: del periodismo y de la poesía.

Porque no se puede negar que cada vez hay más poetas en el mundo, muchos de ellos obstinados, listos para convertir a la poesía en un género mainstream y lleno de brillos.

Nadie sabe qué hacer con los poetas (Llantén, 2023), uno de los últimos libros de María Malusardi, discurre como un río, naturalmente tenaz y profundo. Cada palabra está meditada, o esa sensación nos hace captar su lectura.

En las más de doscientas páginas que conforman este ensayo encontraremos entrevistas a poetas de la talla de Javier Villafañe, Susana Szwarc, Irene Gruss, Ana Arzoumanian y Alberto Szpunberg, entre otros. Las entrevistas están acompañadas de pequeñas anotaciones de lo que conforma un diario de escritura.

“Siempre leemos el error, el malentendido, la desviación, lo dañado. El poema no debe corresponderse nunca con la corrección de los hábitos. Siempre es su tergiversación. La fuga de sus costumbres. El poema es mudanza de sí. Rodar por las escaleras y regresar adverso a sostener los años. Pensar la experiencia. Derrotarse en la propia vida (desmontarla) para vivir en el lenguaje a flor de piel como redirigiendo una inexistencia (dixit Paul Preciado). Y someterla a la luz para definirla en su fugacidad”.

Nadie sabe qué hacer con los poetas se vuelve un documento precioso, un arca que contiene apreciaciones imperdibles sobre el género maldito que más nos conmueve. En sus páginas se desprende ese aullido silencioso que solo puede darnos el arte verdadero. Un discurrir por sus páginas sin tiempo, ni esquemas. Llevados por la visión de María se develan personajes majestuosos y su obra y la impronta de poeta se marca imponente pero no molesta, acompaña las preciosas páginas de un libro importante e imperdible.

María Malusardi es docente, periodista, poeta y escritora. Como poeta es autora de trece libros de poesía, entre otras publicaciones: Todo cicatriza menos la infancia (prosa poética, Editorial Las Furias, 2024), el volumen de ensayos Nadie sabe qué hacer con los poetas (Editorial Llantén, 2023); Una madre es un piano triste (prosa poética, Las Furias Editora, 2021),  El descenso de jacqueline du pré y otros poemas (Ediciones en Danza, 2018), El desvío y el daño (Buenos Aires Poetry, 2017), entre otros.

También recibió premios, menciones y becas a lo largo de su carrera. Como periodista, trabajó en diversos medios gráficos, entre ellos Clarín, Revista Nueva, El Arca y Revista Debate. Se jubiló en 2024 como docente de la carrera de Periodismo General en TEA, donde enseñó durante 17 años.

María Malusardi. Créditos: Julieta Bugacoff
María Malusardi. Créditos: Julieta Bugacoff

-¿Por qué los poetas?

-La frase que determina el título del libro es del poeta español, perteneciente a la generación del 27, Pedro Salinas, y aparece también como cita. En uno de sus ensayos –soy muy lectora y estudiosa de los ensayos dedicados a la poesía- Salinas dice, repentinamente, “nadie sabe qué hacer con los poetas”. Y me conmocionó mucho la primera vez que leí esa frase, cuando tenía alrededor de 30 años, porque me pareció fuerte en cuanto a que los poetas somos seres incómodos, incomodantes e inútiles en términos capitalistas. Aunque debo hablar por mí. Ser poeta, ser poeta de verdad no es escribir oraciones escandidas llamadas versos, sino estar en el mundo y habitar el lenguaje desde una perspectiva poética que implica un viaje al fondo de una misma y al fondo de la existencia en general, incluyendo lo contingente.

-¿Qué tiene la poesía que todavía logra movilizarte de ese modo?

-Esto exige, antes de escribir, leer. Leer poesía, leer literatura en general y filosofía y rescatar cada vez, en cada lectura, la importancia de la palabra, su intensidad, su función, su disfunción y sus alcances. Nadie sabe qué hacer con los poetas da cuenta, intenta dar cuenta, de los lugares de la poesía, como diría María Zambrano, de la relación de los poetas con su trabajo, de las diferentes miradas sobre el asunto. Es un libro que abre y agiliza la reflexión alrededor de la poesía en vertientes inesperadas. Lo más hermoso que nos propone el lenguaje poético es su capacidad de desviación hacia regiones desconocidas. Esto excita mi espíritu sobremanera, por decirlo de algún modo. Entonces, por qué poetas. Porque somos quienes habilitamos desde el lenguaje zonas inapropiadas y novedosas para la sensibilidad humana.

-Todo libro es un recorte. ¿Cómo hiciste la selección de los artículos,
ensayos y entrevistas que se incluyen en este libro?

-Estos breves ensayos y reflexiones sobre obras y autores específicos, además de entrevistas a poetas fue originalmente publicado en medios gráficos y digitales. Y se entrelazan con pequeños textos autobiográficos específicamente ligados a mi experiencia y mi historia con la poesía. Yendo a tu pregunta, no fue fácil seleccionar los materiales. Quedó mucho afuera. Estamos coqueteando con un segundo tomo. Veremos. La selección la hice con el acompañamiento fundamental de Natalia Litvinova y Tom Maver, editores de Llantén. Fue un trabajo conjunto y muy necesario. Y feliz. Porque ellos le dieron un valor a todo este material que yo nunca le había otorgado. Entonces empecé a ver mis escritos sobre poesía de otra manera, revaloricé tantos años de trabajo, lectura, reflexión y escritura y miré el conjunto como un hallazgo, como una partitura sinfónica. Diría que Natalia y Tom han funcionado como motor y lupa en todo esto. Por eso insisto que no debe perderse el trabajo de los escritores con sus editores. Que debe existir un diálogo que ilumine y reconduzca la propia escritura.

¿Qué tiene la poesía que no tenga ningún otro género?

-La poesía, o más bien el poema, lleva al paroxismo las posibilidades del lenguaje y sus implicancias. El lenguaje no es inocente. El lenguaje carga con una historia íntima y social. “Escribir con palabras de este mundo / que partió de mí un barco llevándome”. Cuando Pizarnik dice esto de una manera inigualable y excitante está diciendo que no hay modo de decir lo que intenta decir. Es una paradoja poética o más bien una aporía. Las palabras de este mundo no alcanzan para decir lo que nos ocurre dentro. El poema de Pizarnik alcanza una perfección inédita. Mi intento de explicación aquí es un fracaso total. Lo que cuenta es el poema. Porque se anima a ese borde escalofriante sin sucumbir.

-En uno de los capítulos se plantea una diferencia entre la tarea del poeta y la del periodista. Sé que es una comparación frecuente, pero ¿cuáles creés que son los puntos en común entre ambos oficios?

-Son modos de abordar la escritura muy diferentes, sin duda. Porque el periodismo, aunque se vale de la misma herramienta del poema, es decir la palabra, tiene un objetivo concreto que es la comunicación de hechos reales que importan a una comunidad específica. El periodismo es informativo, en principio, aunque luego se abren muchos otros caminos más sofisticados y hermosos. Y el único objetivo del poema es sí mismo, como si fuera una pintura o una pieza musical. Es un hecho artístico, sensible y sus exigencias le son intrínsecas. Entonces la diferencia es abismal. Sin embargo, en mi caso, he intentado acercar estos dos abordajes, porque lo que me gusta, lo que más me gusta en la vida, es escribir.

María Malusardi. Créditos: Julieta Bugacoff
María Malusardi. Créditos: Julieta Bugacoff

-La infancia pareciera ser la piedra fundadora de la creatividad de los
poetas. ¿Recordás un momento en especial de tu infancia en qué
supiste que ibas a dedicarte a la escritura?

-Nunca pensé durante la infancia que fuera a ser escritora. Pero sí considero que lo que recogemos de nuestra infancia durante nuestra vida adulta –pienso en los recuerdos como restos, como fragmentos dispersos- es crucial y casi fundacional para la escritura. De hecho, hace poco la editorial Las furias publicó Todo cicatriza menos la infancia, un libro de prosas poéticas donde abordo esta cuestión sobre la infancia y la escritura. Planteo la escritura en la infancia como algo latente y desconocido. Considero que la infancia es el momento de la vida más potente en cuanto a la calidad de la percepción de la experiencia, pero es un momento de la vida, también, en el que falta lenguaje para expresar en los niveles que esa experiencia requiere. Por lo tanto, mi teoría es que en la infancia absorbemos violentamente sin procesar y durante la adultez nos valemos de ese capital sensible porque ya disponemos de un lenguaje más sofisticado y hasta nos vemos en la obligación de refinarlo y llevarlo a las alturas de su imposibilidad.

-En el epílogo de Nadie sabe qué hacer con los poetas hablás de conflicto y literatura. ¿Podrías precisar esa relación?

-Hablo de conflicto como un motor, tanto en la vida como en la literatura. Por un lado, el conflicto como tensión necesaria para la vida. Por el otro, el conflicto como elemento técnico de la narrativa, puesto que siempre hay un conflicto alrededor del cual se desarrolla la historia. El conflicto a veces es más explícito y otras subyacente. Me gusta especialmente este segundo caso en el que detrás del “no pasa nada” se esconde un estrago. El conflicto, en definitiva, es el que arrastra, impulsa, sostiene, tensa. Sin conflicto no hay vida.

-¿En qué estás trabajando actualmente?

-Estoy en varios proyectos de escritura que me incentivan, aunque también me dispersan. Preparo entrevistas y artículos, que saldrán publicados en la web de Caras y caretas, siempre alrededor de la poesía y en función de una segunda parte de Nadie sabe qué hacer con los poetas. Y también un libro de poemas que, aunque aún está verde, veo crecer sin mi consentimiento (risas) lo cual me inquieta y me estimula. Arrastro desde hace algunos años un ensayo sobre la obra del poeta Alberto Szpunberg, por el que obtuve una beca del Fondo Nacional de las Artes y al que considero todavía le falta bastante para cerrarlo como libro. Trabajo, aún de manera incipiente, en la tercera parte de la trilogía que empezó con Una madre es un piano triste y continuó con Todo cicatriza menos la infancia. Es arduo, es mucho, pero es lo que me mantiene viva en este contexto desesperante, doloroso e inaceptable. Me tomo mi tiempo. Nunca me apuro. La escritura es un trabajo lento y minucioso. De búsqueda, de despojo, de ahondamiento. También dicto talleres y clínicas y trabajo como tutora de tesis en la Maestría de escritura de la Untref. La docencia me gratifica mucho, porque encuentro gente talentosa a quien brindar y transmitir mi experiencia, a la vez que recibo tanto, cuando descubro escrituras potentes y acariciadoras. Y, sobre todo, leo. Leer es mi música.

***

A ustedes, ¿les gusta la poesía?

Esta semana en el portal de Ornitorrinco:

El hombre que conmociona Kurdistán – por Leandro Albani

También te dejo debajo el video de la semana.

¡Feliz domingo!

Sofía

sofia gomez pisa perfil | Hablemos de poesía y poetas | Ornitorrinco
+ notas

Sofía Gómez Pisa es periodista y escritora. Escribe la newsletter "La batalla cultural" domingo de por medio por Ornitorrinco.

Últimas Historias

Caminar como caminan los hombres

-Uy, ahí viene el puto. Fabio Zacarías trabaja en Solo Deportes, una de las casas de indumentaria deportiva más importantes del país, y es delegado...

El psiquiátrico Saint Emilien se cubrió de humo

Una tiene cada vez más grietas que de a poco, va tapando con maquillaje y cotidianidad. Pero lo cierto es que estamos complemente frágiles...

Ser empleada doméstica en Beirut

Esta historia empieza acá ⬇️   El Día Internacional de los Trabajadores de 2016, cientos de trabajadoras domésticas migrantes salieron a las calles de Beirut para...