La entrevista de hoy surge de la urgencia por hablar de la personalidad más relevante de éstas últimas semanas, al menos, en Argentina: Cristina Fernández de Kirchner. Ésta nota pretende ir a contracorriente -o no, ustedes lo decidirán- de las historias de romance y profundo odio que prevalecieron entre los sectores políticos y militantes que lloraron o brindaron, respectivamente, luego de que se confirmara la condena a 6 años de prisión e inhabilitación perpetua para ocupar cargos públicos que recae sobre la expresidenta.
Cuánto artículos, videos y libros existen y existirán intentando explicar la llegada de Javier Milei al sillón de Rivadavia. Los hay cientos, quizás miles. Muchos de autores nacionales, otros tantos extranjeros. Entre quienes explican el crecimiento de las derechas en el mundo aparece el factor común de la falta de representatividad.
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En ese agujero negro que fue la pandemia, Pablo Garello, un peronista santafesino entendió que si la cosa seguía como estaba iba a ser necesario crear un espacio de militancia que transcendiera lo físico y se desenlazara en la virtualidad. Así fue que creó Rosca y Tinto: “Al principio fue un medio escrito. En sus dos primeros años consistió en publicar textos en Instagram. Iban acompañados de fotos medio random que yo elegía pero que solo servían para hacer de soporte de lo que escribía abajo. Así habrán sido, fácil, las primeras 100 publicaciones. Después sumamos video y nos animamos a grabarnos. Tratamos de ir aggiornándonos a los nuevos tiempos. Decían que estábamos con Cristina, que estábamos con Moreno, con Martín Ayerbe. La realidad es que nuestra bandera es la Argentina”.
Ahora Garello tiene 27 y desde el año pasado es el Secretario General de la Juventud Peronista de Santa Fe. Entre Rosca y Tinto y su cuenta personal suma más de 50 mil seguidores. Su contenido principal y más difundido son reels en los que explica en un minuto y medio cuestiones de geopolítica e historia de nuestro país. Hace un mes sumó un canal de YouTube en el que desarrolla los mismos temas con mayor profundidad, siempre, explica él, con una mirada “nacional”.

Tiene la costumbre de referirse al canal en plural, no hace todo sólo: “Creo que es más cortés, para no hablar siempre de un yo, eso queda mal. Mi novia me da una mano. Hoy es un proyecto familiar podemos decir, ja“.
“Viste que hay muchos medios y cuentas que surgieron a partir del encierro: Historia para millennials de Pablo Borda, Historias Destacadas, Repliegue…”. Éstos proyectos que menciona Garello son algunos de los ejemplos que existen de jóvenes comunicadores independientes que se lanzaron a buscar perspectivas nuevas en un sistema colapsado por los algoritmos. La impresión es que hay una generación que busca resignificar un perfil del campo popular a través de la historia y el debate.
El entrevistado de hoy estudió Comunicación Social con el deseo de convertirse en periodista. En el camino, su profesor de Ciencia Política se transformó en su mentor. Lo proveyó de lecturas y perspectivas sobre un peronismo entendido desde una Santa Fe que se iba quedando sin cuadros de alta relevancia nacional. Garello, curioso y aplicado, pasó noches enteras de su adolescencia y primera adultez inmerso en libros. Hoy, dice que le cuesta más hacerse tiempo para leer pero que igual estudia mucho antes de empezar a grabar cada video que sube.
No se lo podría situar como un joven intelectual citadino. Ahora vive en Rosario y estudió en la capital santafesina, sin embargo, nació en Humboldt. Se trata de un pueblo de 5 mil habitantes ubicado en la Pampa Gringa, una zona geográfica de la llanura (comprendido por el centro y el sur de Santa Fe, el norte de la provincia de Buenos Aires y el este de Córdoba) fuertemente atravesada en lo cultural por las oleadas europeas que llegaron al país a mediados del siglo XIX.
Quien ahora habla es un dirigente político aún en formación. El histórico peronismo, venido en algo que se ha hecho difícil de retratar, perdió uno de los puntos vitales para su funcionamiento: la organización. Jóvenes figuras como Garello intentan aportar frescura y abandonar los excesos de corrección política que, en este presente, no logran convocar a las masas, de mínima, en las urnas. Para intentar entender qué queda en las raíces federales de un partido que tiene a su líder encarcelada en el recinto de su departamento pensé que lo mejor iba a ser, naturalmente, una charla:
-En Santa Fe no tenemos dirigentes convocantes. Recorremos e intentamos fomentar la participación porque no hay líderes. Hay un montón de pibes con ganas que no encuentran los canales, la idea es captarlos. Uno se queda esperando un mesías y eso no pasa. La última gran dirigente o el último gran proceso fue el de Cristina. Pero ese proceso se terminó en 2015. Ya no tengo la edad para quedarme sentado esperando. Hay que formarse, salir a caminar y salir a predicar. Si uno espera que el líder mesiánico venga y resuelva todo… Bueno, esa es una postura muy inmovilizante, muy quieta y hay que romper con eso.
-Pareciera que hay una generación que se quiere ordenar de abajo hacia arriba, al revés de como lo ha hecho históricamente el peronismo.
-Si nadie está hablando por nosotros, salgamos nosotros a construir. El peronismo siempre se ordenó verticalmente y con un líder claro. Desde Perón hasta Cristina, pasando por Menem. Estamos en un momento muy particular. A la misma Cristina que ya no venía ocupando un rol de conducción clara o, al menos, que no estaba pudiendo conducir a todo el mundo, de la nada la meten presa. Te quedás más en bolas todavía, pero así es como aparecen las voces.
Sólo a través de la organización vamos a poder pujar para que se tomen en cuenta algunas cuestiones: una política clara en términos geopolíticos, una en términos industriales, otra en términos de poblamiento; pensar estratégicamente. La política se olvidó de todo ésto. Es muy difícil que uno de repente sea Presidente de la Nación. No hay que aspirar a eso. O, en cualquier caso, no ahora. ¿Hoy qué hay que hacer? De la mano del nacionalismo, generar organización y acumular poder para sentarse en la mesa y discutir qué vamos a hacer y a la par formar a toda una generación. El peronismo se ha quedado sin cuadros políticos. El problema de que a Cristina la metan presa es también que no haya nadie que la pueda reemplazar. ¿Por qué ocurrió eso? Porque hay una falta de formación total y prevalece una forma de reproducción política muy dañina. Hay que hacer un laburo no sólo para formar intelectualmente, recomendando lecturas y videos, sino también en el sentido de resolver problemas, de organizar grupos humanos, de ser eficiente, de llevar adelante unidades productivas en el sector privado, es decir, no estatizarse y pensar más allá. Tenemos que ser innovadores. No digo que haya que copiar a Milei pero hay que ser creativos. La de hoy es una sociedad muy diferente a la de hace 20 años.
-¿Fuiste a marchar por Cristina en Rosario luego de que la Corte Suprema confirmara la condena?
-Sí, fui a la marcha, pero no había más de tres mil personas ¡en Rosario, la tercera ciudad más grande del país! El kirchnerismo se volvió un movimiento sólo del AMBA. Andá a La Rioja a ver si existe la Cámpora. No hace falta: vení acá a Rosario: son diez gatos locos. El kirchnerismo se ha vuelto un movimiento cada vez más chico, cada vez más unitario y cada vez más dedocrático. ¡Y para colmo se alejó de los gremios, de los industriales y del sector privado! En definitiva se alejó del pueblo. Se alejó de la gente. Se quedó obnubilado por un par de categorías del partido demócrata yankee y no quiso entender a la sociedad argentina que estaba demandando otra cosa.
-¿Y qué creés que pasó afuera del AMBA?
-Se le ha dado más bola a lo simbólico que a lo material. Cuando vos a la gente le diste todo el tiempo ideología y mientras le pedías sangre azul para que milite, es decir, si no adhería a una cierta cantidad de cuestiones morales e ideológicas, no podía participar ni ser peronista (hablamos del aborto, el hecho de ser garantista u odiar al campo). Eso es lo opuesto a la doctrina que sólo pide dos cosas: el amor a la Patria y el amor a tu semejante. Parecido al cristianismo, que se hace entre todos. La conducción, encarnada por Cristina, te pedía una especie de identikit para ser parte del movimiento. El tema es que si vos pretendés ser la vanguardia y la punta de lanza de la sociedad tenés que ser perfecto. Pero no eras perfecto. Eligieron como candidato a Presidente a Alberto Fernández que decía que venía a terminar con el patriarcado y le pegaba a la mujer. Pusieron como Jefe de Gabinete de Kicillof a Insaurralde y el tipo andaba de putas por Marbella a una semana de las elecciones. El supuesto candidato en 2023 iba a ser Wado de Pedro y es el tipo que le entregó el agua potable de las provincias andinas a Mekorot, la compañía estatal de aguas de Israel.
Le vienen a decir al pueblo cómo tiene que ser. ¿Con qué altura moral le pedís a un peón rural conservador que esté a favor del aborto o a un laburante que le afanan cada una semana que tiene que ser paciente y compasivo con los chorros porque no tuvieron las mismas oportunidades? Uno debe pelear siempre por la igualdad y contra las injusticias de este sistema, pero también tenés que entender en qué sociedad estás actuando. Lo mismo pasa con el pibe monotributista de nuestra edad que no conoce el empleo formal y tiene tres trabajos al que le pedís que defienda la universidad pública y la salud cuando a los hospitales se les caía el techo y en donde los atendían 24 horas después. Mientras tanto tenés a una persona joven que nunca tuvo laburo registrado y el Estado le demoraba dos días para hacer un trámite. Ahí se rompe el contrato social, que existió en algún momento porque sino Cristina no hubiese ganado en 2011 con el 54%. Es como el meme ese: vos estás cocinando batalla cultural mientras los pibes se están cagando de hambre. Durante el gobierno de Alberto no hubo una política industrial, no hubo una política de empleo ni una con la deuda o en el plano internacional. Encima con Vicentín reculaste. Todo eso pasó durante un cogobierno, con lo que puede ser llamado kirchnerismo o La Cámpora, que hacía boicot permanente a su propio gobierno loteando los ministerios y construyendo de forma sectaria.
-En tu último video de Youtube titulado “¿Para qué sirve el nacionalismo hoy?” hablás, entre otras cuestiones, de por qué la nostalgia kirchnerista o peronista no tiene efecto en los jóvenes, argumentando que, por ejemplo, las personas de 27 años, como vos, salieron al mundo laboral ya con Macri en el poder. ¿Cómo dejás en claro que querés nacionalismo hablando menos de Perón?
-El peronismo ha quedado muy manchado por sus últimas experiencias. Hay que crear una nueva narrativa y para eso debemos ser súper pillos para ver cómo carajo le hablamos a la gente. Ahí hay que ver cómo articular con una estructura que no se construya meramente en base a las personas. Motorizados principalmente por la Cámpora, no hemos parado de repetir Cristina, Cristina, Cristina, haciendo alusión a una persona que lamentablemente, y me pesa en el corazón, tiene entre 60% y 70% de imagen negativa. ¿Y qué?, ¿querés construir una mayoría con eso? Con eso sólo podés mantener un status quo y pocos votos con ciertas posiciones de poder institucional. Tenemos que ir por las mayorías y no quedarnos sólamente con nuestro sector sumamente ideologizado que es cada vez más chico.
Por eso hincho tanto las bolas con lo nacional. Hay un montón de elementos que hacen a la nacionalidad una forma de hacer política diferente y que pueda volver a enamorar. El peronismo ya no tiene más margen para hablar y la falla constante de los dirigentes llevan a que nosotros no podamos refugiarnos en nuestra identidad porque el vecino nos putea. Hay que construir un nuevo lugar de enunciación, por decirlo de alguna manera, para que la gente nos vuelva a escuchar. Llegada la posibilidad de alcanzar el poder sólo queda transformar la realidad y así no se van a olvidar más de vos. La gente no se hizo peronista porque le gustaba la marcha o porque le gustaba el escudo: se hizo peronista porque Perón les cambió la vida. Después, de eso se articula toda una potencia comunicacional y una mitología que favorece enunciativa y narrativamente esa transformación, pero no debe suceder al revés. Ese es el problema. Nuestros dirigentes hace años no le cambian la vida a nadie. Nosotros tenemos en claro lo que significa ser peronista, ¿pero la gente lo tiene claro?, ¿es bueno o malo? Eso hay que preguntárselo.
-Cristina y los propios militantes kirchneristas suelen hablar de una mitología moderna que empezó con Néstor. En tu último video también hacés alusión a eso, a la importancia de los mitos en la política. Dijiste que la mitología kirchnerista existe pero ahora no sirve contarla…
-Hay que volver a recuperar a los próceres, primero porque son intachables y segundo porque generan unidad. Ó sea, con San Martín no hay grieta. ¿Quién no lo banca a él, a Belgrano o a Güemes? Debe desarrollarse un soft power potente como el que tienen los británicos, los chinos y los yankees. Es parte del desarrollo de una nación poder reafirmar culturalmente aquello que tiene de positivo. Argentina tiene subexplotada su capacidad narrativa de cara al mundo. Para poner un ejemplo, de las Invasiones Inglesas hay una sola película del ‘52 y es inmirable. Mirá, de hecho, Top Gun, “la de los aviones” que protagoniza Tom Cruise, está inspirada en los pilotos de guerra de Argentina. Los yankees hicieron una película toda ficcionada pero basándose en los pilotos de Malvinas y no la hicimos nosotros. Salgo con ésto porque a veces caemos en una autoflagelación nacional pero tenemos una cantidad de cosas para hacernos valer… Hay países del mundo que quieren ser como nosotros. Mirá en Bangladesh, mirá a la India. Ni hablar todo lo que respecta al fútbol.

-Uno de los fuertes de Milei fue la capacidad de hacer que sus votantes encuentren un sentido: la idea de que deben hacer sacrificios ahora para vivir en un futuro como se vivía hace 100 años, como nunca en la historia, según el Presidente. Solés hablar mucho del sentido, algo muy difuso en una sociedad tan individualizada.
-Otro de los errores que se cometieron en el gobierno de Fernández fue el de hacer nihilismo de Estado: financiar a un tipo como Darío Sztajnszrajber que andaba por los canales diciendo que la verdad no existía. Y si la verdad no existe para qué uno va a pelear o a luchar, si total todo vale lo mismo. Eso para un movimiento popular y que busca ser transformador es letal porque te pega en el corazón, en tu propio núcleo de sentido. Perspectivas así son antipopulares y anticatólicas. Soy creyente eh, pero en este caso hablo del sentido político. Vos tenés una población que, pese a quien le pese, cree y tiene una religión. Serán más, serán menos, pero existe. Algunas provincias como Salta y Jujuy están cruzadas plenamente por la religiosidad. Se denigró durante mucho tiempo todo lo que tenía que ver con un sentido más trascendental de la vida quitándole así trascendencia a tu propio movimiento. No sólo renegaste de lo que creían las personas sino que tampoco lo generaste vos desde la política ni desde el patriotismo. La dejaste en bolas a la gente y a los militantes. ¿En qué creemos?, ¿en el IFE?, ¿en la AUH? Faltó una alta potencia narrativa y mitológica. Pero porque muchos son gorilas, no entienden al pueblo argentino. Si vos contratás a un asesor catalán como Antoni Gutiérrez-Rubí y a 20 brasileños enviados por Lula para hacer una campaña electoral, tipos formados en academias extranjeras… Al menos hubieses agarrado a algún académico pero que sea de acá. Por eso nos ganó Milei. Por todo ésto. La gente no come vidrio. Al final, es como decía Perón: el pueblo nunca se equivoca.
Esta semana en el portal de Ornitorrinco:
Cristina y el balcón que nos separa – por Nicolás Ventieri
¡Feliz domingo!
Joaquín
Joaquín Benitez Demark es periodista. Escribe el newsletter "La sociedad del rebote" miércoles de por medio.