Cecilia y el lagarto

A veces el amor se clava como una flecha, con un beso certero y nos traspasa. Nos envuelve, nos transforma y nos da vuelta; nos vuelve un envase del deseo. Desligados de razonamiento, actuando como el enamorado, sin saber dónde empieza su amor y donde termina el nuestro, el amor puede ser descrito como un hechizo.

Conjuradas las palabras el baile comienza y los mareos se empiezan a sentir, el lenguaje se modifica para ponerse al servicio de la demanda de amor. Un día, te tomás unas cervezas en Palermo y todo lo que sabías sobre el enamoramiento se trasluce en una obra experimental digna de ser vista.

En Cecilia y el lagarto, la última obra de Jazmín Carballo, todo es vertiginoso, mágico, hiperexcitado e hipersensible. El unipersonal le da vida a la dueña de un vivero, en Río Cuarto, que entre aromas y flores un día, desprevenida, se enamoró a través de un “kiss” de un lagarto de cuatro cabezas.

En este viaje de transformación personal, no faltará la brujería, las velas, los conjuros y el Gauchito Gil. Una cosmovisión bien argentina, un trabajo corporal complejo, 45 minutos surrealistas, desapegados, luminosos, oscuros, grises. Un viaje sensorial donde el inglés se mezcla con el habla de los animales. Donde Jazmín imagina mundos posibles, repta, se sacude y también reza.

Todo esto es posible gracias a la dirección de Agustina Groba y el genial espacio que recrea El Cultural de Thames.

Lo bueno es que el hechizo no dura para siempre, Cecilia vuelve a hablar, deja de arrastrarse y de ir a la bruja y vuelve a ser ella misma. Porque todos los amores, comienzan también donde empezaron: con nosotros, solos, pero siempre transformados.

La obra puede verse hasta fines de mayo en Thames 1426.

Conozcamos a las protagonistas de la entrevista:

Jazmín Carballo es actriz, escritora y cineasta. Nació en Córdoba Capital y vive en Buenos Aires. Publicó cuentos y novelas, obtuvo la Beca Creación del Fondo Nacional de las Artes y el Mecenazgo Cultural con los que desarrolló su segundo largometraje como directora: La cima del mundo (2021). Actuó en cine y teatro y escribió y actúa Cecilia y el lagarto.

Agustina Groba es actriz y docente de Actuación, actualmente facilitadora de Constelaciones Familiares. Hace diez años que trabaja como docente de actuación. Actúo en las obras: La Señorita FBocetosSuyayLa IntemperieSobre Mirjana y los que la rodean y A todas las bestias con nombre. Entre otras. Dirige Cecilia y el lagarto.

Cecilia y el lagarto puede verse hasta fines de mayo en Thames 1426
Cecilia y el lagarto puede verse hasta fines de mayo en Thames 1426

-¿Cómo surge la idea para hacer Cecilia y el lagarto?

-Jazmín: Resulta que un amigo tiene una banda de boleros, corre el año 2023. Antes de tocar nos dijo a varios amigos que escribamos un texto a partir de un bolero. Y yo nunca había escrito, así como digo, por pedido. Y probé. A su vez, estaba transitando una ruptura amorosa. Siento que esas cuestiones se juntaron, y el bolero es muy del corazón roto. Me tocó uno que se llama Silencio y hablaba de una persona que decía que sus lamentos son para que las flores no lo escuchen porque también van a llorar. Y algo del mundo que estaba en el bolero se cruzó con lo que me estaba pasando. Y ahí empecé a escribir. Escribí el texto, lo leí en el show, digamos. Y cuando salí de leerlo, una persona me dijo:” ay, esto puede ser una obra de teatro”. Y algo de eso me entusiasmó y seguí escribiéndolo. Con Agus nos conocimos porque somos compañeras de las clases de actuación de Alejandro Catalán. Y un día estábamos charlando de esto y le conté lo que había pasado con el bolero.

-Agustina: Esa tarde estábamos así hablando y ella me lo comentó y yo en el momento dije “uy, qué lindo dirigirlo”. Yo venía dirigiendo otro proyecto y dije: “bueno, tranqui”, no quería ser como intempestiva en el momento. Y le dije “si en algún momento querés retomar la obra o están tus planes y querés, vas a hacer casting de directores, yo me postulo para dirigirla”. Y a fines de marzo me escribió y ahí nos empezamos a juntar todo ese año.

-Esta obra cuenta con un impresionante trabajo corporal por parte de Jazmín… ¿Cómo fue esa preparación?

-Jazmín: Al haber nacido un poco de este bolero, este corazón roto, ya escribirlo era habitar la obra sin ser tan consciente. Ya había algo ahí y al encontrarme con Agus y su mirada, siento que eso se expandía. Por ejemplo al nombrar cosas que yo quizás no tenía tan consciente, entonces nombrarlas hacía que eso sea cuerpo también. Siento que fue un diálogo entre las dos en los ensayos de habitar ese cuerpo, esa corporalidad o esos lugares por donde pasar. La preparación fue desde la semilla en la escritura y luego el encuentro nuestro, el diálogo y después el encuentro con la gente que viene cada vez. Cada función es muy distinta, muy diferente y se va expandiendo y corporizando. Siento que eso sigue, como que esa corporalidad o este encuentro con la corporalidad, si bien hay como un recorrido, sigue creándose, transformándose. 

-¿Está la obra influenciada por las historias de brujería y encantamiento que suele haber en algunos pueblos de Córdoba y nuestro país?

-Jazmín: Un poco los hechizos vienen del mundo del trabajo de Cecilia. El hecho de que ella se comunica con las plantas, o la creencia en que hay una sabiduría en las plantas, en las flores. Son elementos que vienen del bolero inicial. Hay algo ahí como un susurro en las plantas. Eso después se transforma en un vivero en la obra, y cuando lo leo yo, y cuando nos juntábamos decíamos: es Córdoba. Pero se me viene a la mente Misiones.

-Agustina: También el litoral, esos colores, esa mística también de eso, muy del mito, de las leyendas. Cuando lo leí la primera vez aparecía, pero también que haya un lagarto de cuatro cabezas, es surrealista, es fantástico. Además Cecilia sabe de hechizos, se nombra el lagarto porque sabe de magia. Está vinculado mucho con lo local, con el color de Córdoba, o de las plantas, la tierra, la sierra. Otras lógicas de entender el mundo también, más cerca de la naturaleza y de esa mística. Aparecen también las velas, las estampitas.

-Jazmín: Al aparecer las velas nos parecía divertido que al final ella se toma un brebaje. Si bien aparece el elemento vela, también hay agua en la imaginación. En concreto hay fuego y hay agua en el imaginario. Una simbología, una paradoja.

-¿Por qué el amor nos hechiza?

Agustina: No sé si el amor es lo que hechiza, sino todo lo que le ponemos al amor y que hace que esa etapa de enamoramiento esté más vinculada a lo que uno quiere ver y no lo que realmente es. Y ahí aparece lo que me conecta con otra persona. Ahí está el hechizo. Que dos se amen de repente.  Eso es mágico para mí. No sucede mucho. Y cuando sucede es clarísimo.

-Jazmín: Sí, después del encantamiento, que sería como el enamoramiento, también plantearse que uno elige hechizarse con alguien. Elegir un hechizo y rechazar otros. Como arrojar conciencia al hechizo. Así que no haya velos. Que sea real.

-La obra cuenta con el apoyo de la Beca creación del Fondo Nacional de las artes.

-Jazmín: Sí, la Beca apareció cuando terminé la escritura y envié la convocatoria para la creación de una obra y lo usamos más que nada para la sala de ensayos y algunas cosas de movilidad en el primer año de ensayos de la obra. Fue clave para juntarnos a ensayar y transmitir todo lo que queríamos decir.

-Parece decirnos que a veces cuando nos enamoramos nos volvemos un poco esa persona, en este caso el lagarto…

-Jazmín: Creo que cuando uno se enamora se desdibujan los bordes entre que es lo propio que estás viendo porque estás enamorada y cúal es la realidad del otro. Y en algún punto hay una fusión. Y existe un mundo compartido también cuando uno se enamora con otro y un lenguaje compartido como cuando se funda una ciudad. O como cuando se canta una canción. Tenés códigos en común, palabras que decís con el otro, que después cuando se termina ese vínculo ese lenguaje ya no existe más. Sí, es como una ciudad que desapareció.

-Agustina: En el mundo de Cecilia me parece hermoso el recorrido de que en el primer beso ya hay una fusión, como algo de querer absolutamente eso, y después ya no tanto, porque voy a dejar de hablar, entonces voy al hechizo. Pero al final la fusión de Cecilia con el lagarto es más completa. Ella está dispuesta a dejar todo para arrastrarse y no hablar más y ser como el lagarto. En el reconocimiento, ella vuelve a ella, ya no siendo Cecilia. Como que ya es una nueva. Todo ese tránsito del enamoramiento y de esa fusión la dejó en otro estadio del cual también se exorciza y con ese hechizo final vuelve a ella renovada, como otra Cecilia, una transformación.

-Escribiste novelas, actuaste en teatro y sos también directora de cine. ¿Cómo es el traspaso de todas esas artes?

-Jazmín: Siento que son cosas que me sorprenden, porque siempre nacen del deseo de actuar. La primera película que dirigí la creé en un momento en el que también venía del desamor, era mi primer desamor, así como más adulta. Ya me había mudado a Buenos Aires, yo nací en Córdoba y hacía un tiempo vivía acá y trabajaba en proyectos, en películas, pero más en jornadas o en publicidades. Y yo quería más y quería tener la experiencia de actuar en una película y no estaba sucediendo. Y estaba muy triste porque había terminado con ese novio y sentía que la vida se había acabado y decidí juntarme con mis amigos y escribir algo y nació de ahí. La escritura también nace en los momentos en que no estaba actuando para no desesperarme, para encauzar quizás la energía o el fuego o el deseo de actuar. La actuación también es un deseo más colectivo, que el de la escritura. Nace de la necesidad de juntarme con personas.

Esta semana en el portal de Ornitorrinco:

Un argentino en Nicaragua – por Camila Mitre

¡Feliz domingo!

Sofía

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Sofía Gómez Pisa es periodista y escritora. Escribe la newsletter "La batalla cultural" domingo de por medio por Ornitorrinco.

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